(ADNSUR) - En medio del avance de la segunda ola de coronavirus en diferentes países y a más de un año de iniciada la pandemia, la reinfección es un hecho probado por la ciencia, pero no todas las personas que tuvieron la enfermedad vuelven a contagiarse.

Un estudio difundido en la revista The Lancet reveló que las reinfecciones por COVID-19 son “poco frecuentes” aunque son “más comunes” en personas mayores de 65 años que cuentan con una protección de sólo el 47% frente un segundo contagio, respecto al 80% de los individuos más jóvenes.

Un estudio preliminar de Public Health England indicó que los anticuerpos brindan una protección del 83% contra las reinfecciones por COVID-19 durante un período de cinco meses. De 6614 participantes, 44 tuvieron reinfecciones “posibles” o “probables”. La inmunidad menguante podría aumentar el riesgo de reinfección, pero la primera infección grave puede ir seguida de síntomas más leves la segunda vez, sugieren los expertos.

Asimismo, indicaron que esto podría atribuirse a una reinfección con el virus. Los síntomas más leves por segunda vez podrían deberse a la inmunidad residual de la primera infección grave, añaden.

En Dinamarca, las pruebas PCR para detectar el coronavirus son gratuitas y se las pueden hacer todos los ciudadanos, tengan síntomas o no. Eso, y el paso del tiempo, han permitido realizar el mayor estudio hasta la fecha sobre el riesgo de reinfección. Y se constató que menos del 1% de los que se contagiaron durante la primera ola lo volvieron a hacer en la segunda.

La investigación confirma también que la inmunidad natural dura al menos seis meses sin debilitarse de forma significativa. Sin embargo, la protección otra vez parece ser menor entre los mayores de 65 años, indicó TN.

MANAOS 

Por otro lado, un nuevo estudio reveló que la variante de Manaos del coronavirus tiene capacidad de reinfectar a quienes ya tuvieron COVID-19. Y al menos hasta febrero, unas 92 mil personas se encargaron de trasladarla a distintos rincones del mundo, como la Argentina, a través de aviones de línea.

La información fue confirmada por la Universidad de San Pablo en un trabajo en conjunto con científicos de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido.