CAPITAL FEDERAL -  Raúl portal falleció este miércoles 14 de octubre tras atravesar en los últimos años diversas dolencias, que se agrabaron en 2019 por las secuelas de varios accidentes cerebro-vasculares, incluso en el último tiempo había estado internado a raíz de una neumonía bilateral. Tenía 81 años.

Había nacido el 23 de septiembre de 1939 en un hogar de padres franceses, Raoul y Elise, y hablaba muy bien esa lengua. Llegó a tercer año de la carrera de Ingeniería. Vendió libros y departamentos. Manejó un boliche de música negra, un teatro y una agencia publicitaria. Nunca aprendió a manejar y se jactó más de una vez de no tener ni tarjeta de crédito, ni computadora personal ni teléfono celular. Pasó varias veces por la radio, y una emisora de radio de extracción sindical con el nombre del papa Francisco fue su último hogar en los medios. Allí, en 2014, hizo una temporada de ¡Upa, el ánimo!

Era fanático de River, de los documentales históricos y de las películas de acción de Sylvester Stallone y Jean Claude Van Damme. Se definía como mejor lector que televidente, pero no se perdía algunas series y programas cómicos: Alf, El Chavo, Viendo a Biondi y el Súper Agente 86.

El emblemático conductor televisivo quedará en la memoria de muchos como un bromista con alma de payaso, un hombre que hacía lo posible por levantar el ánimo de la gente desde los diversos programas que protagonizó, apunta La Nación.

También podría considerarse a Portal como un hombre audaz que alentó en la tele un cambio de mentalidad necesario. Fue un innovador que logró romper moldes y rutinas de larga data e impulsar cambios. Llegó a ser una de las figuras más influyentes de la televisión en un tramo que arrancó a fines de los años 80 y se extendió por toda la década siguiente.

Hasta su llegada, nadie había imaginado que la trasnoche podía ser un espacio de enorme potencial televisivo, apunta La Nación. Fue el creador sin patente de la idea de la TV reciclada. La inmensa lista de programas que vivieron desde allí de los archivos visuales y de la observación satírica de lo que hace la propia TV deberían distinguirlo como su gran mentor y pionero. Notidormi y Perdona nuestros pecados (PNP), las grandes invenciones televisivas de Portal, abrieron una huella.

Se había forjado fama de "cavernícola" desde que se supo, cuando ya era un nombre famoso en la TV, que había trabajado en el Ministerio del Interior en tiempos del general Juan Carlos Onganía. En verdad, se desempeñó en el área de Prensa de esa cartera entre 1968 y 1978, etapa atravesada por gobiernos democráticos y de facto. "No tengo arrepentimientos ideológicos porque la ideología es de buena fe. Uno tiene una ideología porque cree en eso. Aún los extremismos suponen una mística, un idealismo y una utopía. A los guerrilleros que dieron su vida no se los puede censurar. Y cuando dicen que adherí al proceso militar de alguna manera tienen razón porque yo no hice nada para defender a Isabel Perón. Es más, me alegré cuando la echaron. Soy uno de los millones y millones de argentinos que nos alegramos", le dijo a La Nación en 1997.

En la tele, Portal inventó un modo risueño y original de aprovechamiento de los archivos televisivos, basado en la unión rápida y certera de segmentos breves a través de un trabajo de edición muy creativo y luego imitado hasta el cansancio.

Portal tuvo una larga experiencia en el medio con muchos programas de éxito. El primero fue Semanario insólito (1982), uno de los grandes momentos bisagra de la historia televisiva de las últimas décadas, resumen burlón de las noticias de la semana con un estilo visual y de puesta en escena transformador para la época junto a Raúl Becerra, Adolfo Castelo y Virginia Hangli, recuerda La Nación.

Después pasaron con su sello programas de suerte dispar (Los juegos del terror, Misteriodismo) y el segundo momento de enorme repercusión, el de Notidormi (1988). A Portal se le ocurrió probar suerte en un horario marginal como el de la medianoche, que hasta ese momento no le interesaba a nadie. Cada emisión era una mezcla de fiesta de egresados y kermés con globos, gente disfrazada, ruido, música estridente y Portal por encima de todos como guía del desorden y maestro de ceremonias. En poco tiempo el rating del programa volaba. Nadie quería perderse las ocurrencias del payaso Campanita (el propio Portal disfrazado), el mono Darwin, el perro Tristonio, la "profesex" y un desfile de invitados que incluía a políticos forzados a lucir en cámara una nariz de payaso. Fernando de la Rúa, futuro presidente, dio la nota máxima.

Allí asomaron también otras marcas de autor de Portal: una apología del optimismo (muchas veces criticada con razón porque hasta parecía que quería imponerse casi de prepo, como si fuese un delito no hacerlo) y un antológico desfile de neologismos, interjecciones y onomatopeyas que en algunos casos se incorporaron al habla cotidiana. "Caracúlico", "pendeviejo", "currandero", "manochanta", "forrándula", el clásico "¡upa!", el enigmático "mboheio", el "hop" con los índices para arriba y muchísimos más. Gracias a Portal, la trasnoche se valorizó definitivamente en el mercado televisivo.

Cuatro años después comenzó la historia de PNP, desarrollada por Portal en familia, como en buena parte de su historia mediática. Con su mujer de siempre, Lucía, y su hijo Gastón, que desde allí llevó adelante una muy apreciada carrera como guionista, productor y director de cine y TV, y fue en verdad el responsable de poner en marcha la idea.

Primero con dos amigos (Franco Giorgiutti y Javier Castro Albano) y luego sumando un equipo cada vez más grande, Gastón Portal se dedicaba a grabar, mirar y acopiar toda la televisión posible para descubrir las "perlitas" y los errores de cada programa que nunca aparecían solos. El secreto del programa pasaba por mostrar el furcio de un modo cómico compaginándolo con algún momento tomado de películas o series. Ese trabajo le permitió a los Portal contar con un archivo que llegó a tener más de 50.000 horas grabadas, sólo igualado con el que tenía Miguel Rodríguez Arias, el creador de Las patas de la mentira. El cuadro se completaba con las ocurrentes presentaciones de Portal, en compañía sucesiva de Federica Pais y Mariana Fabbiani, dos descubrimientos suyos. El ojo de Portal para descubrir talento femenino fue siempre apreciado.

PNP recorrió todos los canales durante varios años y su vigencia se mantiene firme hasta hoy, aunque con un matiz. Portal siempre dijo que su mirada burlona sobre la tele tenía límites precisos y no avalaba ningún tipo de "cargada". Hoy, algunos de sus continuadores recurren a métodos similares con mucha más ferocidad, sensacionalismo y búsqueda de impacto. Aquella fórmula, mucho más ingenua en su origen, era además muy susceptible a la copia. En 2015, después de un largo litigio en Tribunales, logró que la Justicia reconociera que el productor Diego Gvirtz había plagiado a través del programa Televisión registrada la idea original de PNP.

El éxito mantuvo mucho tiempo en el aire a PNP, pero a la larga terminó condenándolo. Encontró tantos imitadores que la fórmula empezó a agotarse inevitablemente. Sin alcanzar nunca la repercusión de antes, Portal se volcó a otras aventuras menos relevantes que lo ayudaron a mantenerse vigente. En esa etapa volcó a la TV los temas que le interesaban, entre ellas la preocupación por el cuidado de las mascotas (El portal de las mascotas) y la vocación solidaria (El portal de la vida), muchas veces unidas en el apoyo a alguna institución o campaña.

Fuente: La Nación