Nicolás Stupenengo es cineasta y nació en Buenos Aires pero pasó su infancia y gran parte de su juventud en Comodoro Rivadavia. Luego volvió a Capital Federal, donde estudió actuación y trabajó como modelo, hasta que ingresó al mundo de la producción televisiva gracias a su representante, que un día le anunció que harían “un proyecto para Canal 13”. Fue cuando comenzó como asistente.

Ahora vive en Núñez, junto a su novia Bárbara y su perra de asistencia, Sofía.

La Nación rescató la historia del joven que trabajaba como cadete en una empresa, pero un día lo llamó el jefe de producción que había estado en el proyecto de Canal 13 y le dijo que necesitaba un asistente. Nicolás renunció a su trabajo y se dedicó durante siete meses al film. Así continúo su carrera detrás de cámara hasta 2006, a los 34 años.

EL ACCIDENTE

"Terminamos una producción y como teníamos un auto alquilado agarré a uno de mis compañeros que era amigo, le dije: '¿Tenemos el auto? Quedátelo y vamos tres días a Puerto Pirámides'. Ahí me tiré de cabeza al agua y volví en avión sanitario", cuenta.

El accidente ocurrió al zambullirse al agua desde dos metros de altura. El joven se quebró el cuello y sufrió una lesión medular grave. Al regresar comenzó a realizar varios tratamientos para recuperarse, por lo que el cine quedó relegado. Pasó seis meses internado y luego hizo rehabilitación por un año y medio. Ocho meses después, reinició sus proyectos cinematográficos y, dos años y medio más tarde, empezó a trabajar en una oficina del Poder Judicial.

"Yo laburaba como asistente de dirección y además dirigía. Cuando tuve el accidente dije: 'Ya está, no tengo que ser más asistente de dirección, ahora no me queda otra que ser director, porque en la silla dirijo y listo'”, se ríe y agrega: "En un punto, el accidente me impulsó a decir: 'Soy director, ya no soy más asistente'. A mí me ayudó porque, a veces, no dar el paso por miedo a perder laburo a uno lo detiene".

"Cada vez que rompés una barrera después de haber tenido un traumatismo o una situación como la mía y quedás en una silla, cada paso que das vas acompañado de un terapista ocupacional o un kinesiólogo. Es como que te vas adaptando a volver al día a día. Volví al laburo y, por otro lado, continué con mis proyectos. Hice un corto, comerciales y después dije: 'Ahora viene el largo".

“EL PASO”, LA PELÍCULA

Así comenzó "El Paso", una película que se filmará en tiempo real en planos secuencia en una estación de servicio de San Justo. "Quería hacer una obra de teatro filmada pero que sea una película, entonces tomé una historia y armé lo que sería una obra de teatro en un lugar real, no en una sala. Son varias historias que se cruzan en una estación de servicio, elegí ese lugar porque me parece que permite contar distintas historias. Me interesa mucho lograr sumergir al espectador en un relato en el que se sienta vivo, ágil, cambiante, impredecible", cuenta Stupenengo.

"Para mí es fundamental poder transmitir con la película la sensación de estar ahí, que el espectador sienta que está en el medio de la acción, en el centro de algo que está aconteciendo en ese preciso instante. Esto ya lo tenía claro desde antes de comenzar a escribir el guión. Por eso "El Paso" es un plano único de 90 minutos, sin cortes. Esta idea del plano secuencia es parte del espíritu que quiero darle a la película. Una sensación de realidad expresada desde lo formal. También una sensación vertiginosa, porque siempre está pasando algo, cuando no es a un personaje es al otro, o a otro y así sucesivamente", agrega el cineasta.

Stupenengo tenía escrita parte del guión del film y para terminarlo se juntó con su amigo Francisco Varone. Lo presentaron al INCAA, que les concedió el interés y clasificó a Nicolás como director de tercera vía.

Para poder llevar adelante este proyecto, se sumó a la web Ideame, que trabaja con el sistema de crowdfunding, un medio de recaudación mediante el cual la gente puede colaborar económicamente. "Me gustó la idea del crowdfunding. Me parece re interesante estar viendo un preestreno donde hay 200 personas que están involucradas en la película porque aportaron y a las que les podés decir ´éste largometraje también es suyo´", dice.

"En estos sesenta días lloré más que nunca. Me acerco mucho a la pantalla y trato de que no vean que se me caen lágrimas. Es muy fuerte y gratificante ver gente que me está apoyando porque sí”, agrega.

Hasta el momento, Nicolás logró juntar más de 50 mil pesos, pero todavía se puede colaborar ingresando a su proyecto en Ideame.