COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Los precios de los medicamentos, en especial los vinculados a la atención de cuadros de COVID 19, se incrementaron en la Argentina muy por encima de la inflación durante el año 2020, lo que provoca importantes desfases entre las prestaciones brindadas por los centros asistenciales y los montos luego reconocidos por las obras sociales y empresas de medicina prepagas, poniendo en riesgo la estabilidad de las prestaciones. Mientras la inflación oficial medida por el INDEC el año pasado fue del 36,1 por ciento, los insumos para la atención del coronavirus se elevaron en un promedio del 120 por ciento, aunque en algunos casos llega hasta un 1.000 por ciento.

En ámbitos sanitarios locales hay preocupación no sólo por el incremento desmesurado de los precios de la industria farmacéutica, sino también por el posterior reconocimiento de esos mayores costos por parte de los sistemas de cobertura de los pacientes, debido a que los incrementos se han verificado por encima de cualquier referencia oficial.

Según registros oficiales de la Unión Argentina de Entidades de Salud (UAS), los medicamentos crecieron durante 2020 entre un 48 por ciento, en el promedio más bajo, para remedios ambulatorios, hasta un 278 por ciento, para fármacos hospitalarios. Los elementos descartables se elevaron un promedio del 87 por ciento, mientras que los remedios vinculados al coronavirus aumentaron sus precios en un 120 por ciento.

En todos los casos, los márgenes de aumento en 10 meses (entre marzo de 2020 y enero de 2021) superan ampliamente a la inflación oficial, situada en el 36,1 por ciento en las mediciones del INDEC para el año pasado. Lo que agrava el panorama es que dentro de las prestaciones para COVID 19, las subas se elevaron incluso en escalas mucho más elevadas, de allí que el sistema de prestaciones podría verse sometido a múltiples tensiones en los próximos meses, en un hipotético escenario de segunda ola de contagios.

Escalada de precios en remedios esenciales

Es llamativo que los precios se modifican no sólo por encima de la inflación oficial, sino también superando a la devaluación, si se tomara como referencia a la paridad cambiaria a la hora de pensar en determinados remedios o insumos importados, si fuera ése el caso. La ampolla de Midazolam, por ejemplo, que se utiliza para pacientes intubados, que en marzo de 2020 costaba 37 pesos, en enero de 2021 se elevó hasta 385 por ciento, es decir que multiplicó por 10 veces su valor inicial, equivalente a un 1.000 por ciento. El Fentanilo, en el mismo período subió desde 30 hasta 246 por ciento, es decir un 720 por ciento.

Algo similar ocurrió con los elementos descartables. El barbijo quirúrgico, triple capa, se incrementó de 2 hasta 10 pesos en los primeros meses de la pandemia y llegó hasta los 66 pesos por unidad a mediados del año pasado, para bajar luego. El barbijo N95 subió de 100 hasta 130 pesos en una primera etapa, pero llegó a  cotizar entre 200 y 680 pesos por unidad, mientras que los camisolines descartables, necesarios cada vez que se toma contacto con un paciente, se incrementaron desde 40 pesos a 120 pesos en la actualidad, aunque tuvo momentos en que se se ubicaron entre 150 y 180 pesos por unidad.

De allí que el problema de la pandemia plantea todavía múltiples interrogantes de cara a lo que viene, sobre todo si los precios de la industria farmacéutica continuarán escalando a este ritmo, garantizando niveles de rentabilidad por fuera de toda lógica a la industria farmacéutica, mientras la mayoría de los sectores de la sociedad sufre los embates de una crisis sin precedentes.