Cualquier porcentaje o definición técnica del Índice de Precios al Consumidor queda evidenciado en cualquier mostrador de un negocio o caja de supermercado: con el kilo de pan cerca de los 200 pesos o un kilo de carne por arriba de mil pesos, o la mayoría de las frutas por encima de los 150 pesos por kilo, la inflación se transforma en algo palpable para cada bolsillo, que en los sectores de menores ingresos se refleja no ya en “comprar menos”, sino “en no comprar”.

Si a lo anterior se suma un litro de nafta cada vez más cerca de los 100 pesos, a partir de los nuevos incrementos de precios, el combo es suficiente para entender por qué “el IPC del primer cuatrimestre de este año, con un 17,9 por ciento en la Patagonia y un 17,1 por ciento acumulado en todo el país, es el más alto desde el 2002”, según explica el contador César Herrera, del Observatorio de Economía de Ciencias Económicas.

La comparación con los primeros cuatro meses de aquel año conlleva un elemento que no es de menor importancia: fue el período posterior a la salida de la convertibilidad, con una devaluación superior al 300 por ciento en aquellos primeros meses del año. Ahora, a diferencia de aquel período, el dólar se ha mantenido en una cierta estabilidad, más allá de los vaivenes de los mercados paralelos.

Tampoco el problema es nuevo y ni atribuible, únicamente, al actual gobierno nacional. Pablo Goldín, economista y director de la consultora Macroview, planteó en una entrevista días atrás un dato que ayuda a mantener la perspectiva en el tema. “Más allá del dato mensual, no hay que perder de vista que estamos hace cuatro años en un régimen de alta inflación, entre el 40 y 50% anual. De eso no nos podemos escapar”, expresó.

Los precios, por las nubes: qué factores inciden en lo que pagamos por los productos y la amenaza sobre los aumentos salariales

Otra vez se proyecta una inflación del 50 por ciento

La proyección para el año en curso también vuelve a esos valores. Con el Índice de Precios acumulado en los primeros cuatro meses del año ya arroja un valor superior al 50 por ciento. 

Tampoco es un problema solamente argentino, aunque en este caso el mal de muchos no sirva de consuelo… “También Estados Unidos está teniendo problemas con la inflación”, precisó Herrera, al comentar que la emisión de alrededor de 3,8 billones (millón de millones) de dólares desde diciembre de 2019, de los cuales más de la mitad se destinó recientemente a reactivar la economía, “sorprendió con un componente inflacionario fuerte en el último mes, al pasar de 0,2 a 0,8 por ciento”, mientras que ya se estaría proyectando una inflación del 4,8 por ciento anual, la más alta desde 2008. En cualquier caso, esa inflación es 10 veces menor que la de nuestro país.

El problema en Argentina, ¿es únicamente causado por la fuerte emisión de billetes durante el año pasado, para paliar la crisis del coronavirus? Para el contador Herrera hay varios factores.

“Los pesos emitidos están siendo esterilizados por el Banco Central, a través de las ‘Leliqs’ y Pases”, explicó el docente universitario, en referencia a instrumentos financieros que son creados por la autoridad monetaria para absorber el exceso de pesos en circulación (para evitar que vayan hacia el dólar, lo que provocaría otra gran devaluación), a cambio de altos intereses. Ese remedio, sin embargo, parece ser temporal, porque se vería reflejado en una explosión cambiaria en un futuro no tan lejano, según advierten los sectores más críticos del gobierno, incluso desde partidos de izquierda.

Los otros causales de la alta inflación se vinculan a la demanda: mientras el año pasado estuvo planchada por la caída de consumo derivada de la cuarentena y la no circulación de personas, en los últimos meses se ha reactivado, pero con una oferta más limitada. “Esto puede pasar por las fábricas que tuvieron obreros enfermos y redujeron su producción, lo que se vio mucho en el sector textil: pese a que las ventas cayeron muchísimo, las prendas subieron un 79 por ciento en el último año”, graficó Herrera.

“El 4 por ciento en un mes es muy alto, ya van siete meses con ese promedio –añadió por su parte el economista Goldín-. Nosotros hacemos seguimiento sobre precios libres y controlados, pero van varios meses que los controlados vienen subiendo. Y en abril estos subieron igual o más que los libres”.

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Recursos adicionales por la soja y el impuesto a las grandes fortunas

No todas son malas noticias. El economista comodorense Gonzalo Finlez advirtió, ante una consulta para este informe, que los ingresos extraordinarios que está generando el precio de la soja, con cerca de 600 dólares por tonelada y la recaudación del impuesto a las grandes fortunas, el gobierno nacional logró el mes anterior “el déficit más bajo de los últimos seis años. Y algunas consultoras están proyectando que el déficit anual podría bajar del 4,5 por ciento, que había previsto Martín Guzmán en el presupuesto, a 3 ó 2,5 por ciento”.

La incógnita es cómo se orientarán esos recursos adicionales: por ahora todo indica que gran parte se destinarán a incrementar los subsidios a las tarifas de energía eléctrica y gas en el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires), donde se concentra el gran caudal de votantes del país. Fue por eso que el gobierno autorizó sólo un 9 por ciento de aumento en aquellas tarifas, cuando Guzmán pretendía un 35 por ciento, para no tener que incrementar las partidas de subsidios. La pelea, como se vio en las últimas semanas, casi le cuesta el puesto al ministro de Economía, que no pudo despedir al subalterno que le impuso ese límite, es decir Federico Basualdo, subsecretario de Energía de la Nación, perteneciente al “riñón” cristinista.

Aquella pelea puede resultar muy lejana a los comodorenses y chubutenses en general, pero puede verse desde una ventana más cercana del siguiente modo: los cientos de miles de millones de pesos que se destinan a subsidios de aquellos consumos en el centro del país no se distribuyen hacia los usuarios comodorenses a la hora de pagar su factura de luz; y por otro lado, si una mínima parte de los recursos adicionales se distribuyera con criterio federalista, serían más que importantes para ayudar a Chubut a paliar la crisis económica que sigue latente, con una olla a presión de muchos estatales que reclaman no sólo contra la deuda salarial, más allá de los acuerdos para cancelar esa deuda en cuotas, sino también por una recomposición salarial que hoy parece postergarse hasta 2022.   

Por otro lado, volviendo a la agenda nacional, aquellos recursos adicionales serán más que importantes para los paliativos necesarios para enfrentar la segunda ola del Covid: los aumentos otorgados en las tarjetas Alimentar o la ampliación de los programas Repro son parte de esa medida, aunque corren el riesgo de quedar rápidamente absorbidos por el ritmo inflacionario.

Comer, cada vez más caro

Lejos del complejo mundo de las finanzas y de los inextricables caminos de la política nacional y sus derivaciones económicas con recursos concentrados en el centro del país, la realidad más concreta en cuanto a inflación se traduce en el pan nuestro de cada día.

“Los insumos para hacer pan aumentaron más del 100 por ciento en los últimos 30 ó 35 días, porque van subiendo todas las semanas, que la harina o el combustible, o la grasa y las margarinas. Y no son aumentos chicos”, resaltó Vícto Cúneo, de panadería San Carlos, que se caracteriza por su intento de trabajar con precios bajos.

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“Hace 4 meses que nosotros no tocamos los precios, pero en estos días los vamos a tocar porque es insostenible –añadió el comerciante-. No se pueden trasladar todos los aumentos a precios, porque no venderíamos nada. Hoy un kilo de pan, nosotros lo tenemos en 90 pesos, pero debería estar en no menos de 200 pesos. La docena de facturas la tenemos a 150 pesos, pero la tendríamos que llevar a 300. Hay lugares en Comodoro donde hoy vale 300 ó 400 y no quiero decir que no los valga, porque es increíble el aumento de los insumos en todos los sectores. Se rompe una máquina y el repuesto que el mes pasado costaba 5.000 pesos, hoy vale 10.000. Es todo el doble y no es sólo una forma de decir, sino algo real”.

Parte de ese problema se vincula a las exportaciones de trigo, ya que los precios son volcados por los exportadores al mercado interno: “Hoy una bolsa de harina sale 1.200 pesos y 3 meses podía estar en 800, 700 o hasta 600 pesos, dependiendo dónde se comprara. Es uno de los costos que más ha subido”.

Estos indicadores, sumados a las subas de la carne en más de un 70 por ciento en el último año o las altas incidencias de las prendas de vestir, o frutas y verduras con un 63 por ciento, según el resumen del contador Herrera, plantea dos interrogantes: uno, de tipo político, vinculado a los análisis que se hacen a nivel nacional de cara a las próximas elecciones legislativas: “aunque el gobierno vacune a 20 millones de personas el próximo mes, si no logra controlar la inflación va a tener un serio problema en las elecciones de este año”, indicó un analista político días atrás.

Lo de la vacunación parece hoy una meta más cercana, más allá de la exageración: el sistema de monitoreo contabiliza más de 11,7 millones de vacunas ya distribuidas y se espera el arribo de nuevas dosis en las próximas semanas, a partir incluso del positivo anuncio de Astra Zeneca de que el mes próximo estará en condiciones de comenzar la distribución de dosis fabricadas en Argentina y envasadas en México, por lo que el ministro de Ciencia de la Nación, Roberto Salvarezza, estimó días atrás que en pocas semanas se podría llegar a los 15 millones de dosis aplicadas.

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Según aquel análisis político, entonces, al menos hoy la inflación estaría corriendo más rápido que las vacunas, al menos en lo que respecta a los términos de las próximas elecciones.

Otro interrogante, más humano y terrenal, se vincula a cómo resolver la situación de miles de personas que ven caer el poder adquisitivo de sus ingresos, o que directamente se quedan sin ningún ingreso: más brutal que las estadísticas y los porcentajes de inflación, esto se ve reflejado con crudeza en el crecimiento de merenderos y comedores que no dejan de abrirse en distintos puntos de Comodoro Rivadavia.