COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Un pequeño museo que invita a viajar en el tiempo se encuentra en una casa de Kilómetro 8, donde antes funcionó un almacén que alimentó a una familia. Allí, José Antonio Andreoli (64), uno de los protagonistas de esta historia, guarda los tesoros que encontró a lo largo de su vida, desde flechas a boleadoras, hasta antiguas botellas, monedas y otros objetos que formaron parte de la vida cotidiana del Comodoro Rivadavia de antes.

José es uno de los buscadores de Comodoro Rivadavia, un grupo de cinco de personas que recupera la historia detectando objetos antiguos; un hobby del que hay cientos de videos en internet. “Empecé hace dos años” cuenta a ADNSUR. “Empecé solo, un muchacho me metió la púa, y yo le decía ‘no, si acá no hay nada, que vas a andar buscando con un detector de metales’ y un día vi un video un video en Youtube y prendió la vacuna. Ahí empecé a buscar en las playas, donde encontrás mugre, basura, fierros, y después comenzamos a buscar en lugares donde hubo asentamientos; ahí encontramos muchas cosas lindas que para muchos son chatarra, basura, pero para nosotros no”, cuenta con emoción.

 

José en acción en el pequeño museo que montó en su casa de Kilómetro 8.

 

José siempre fue un buscador. A los 15 ya buscaba flechas y dientes de tiburón. De grande, por el trabajo se alejó un poco de la actividad, sin embargo, ya jubilado volvió y en el detector de metales encontró un hobby que le apasiona. 

“A mi me encanta, te suena el aparato y no sabes que hay abajo. De entrada todos los sonidos son iguales, pero después uno va a aprendiendo a diferenciarlos. Cuando me llegó recuerdo que lo primero que hice fue comprar cuatro pilas y me fui a la playa. Marcaba como un anillo, pero era la argolla de una carpa”, dice entre risas.

Ese primer tesoro está guardado en su museo de Kilómetro 8, un lugar hermoso para los chicos del barrio. Por supuesto también hay otros objetos, como la segunda pieza que encontró: una moneda de un peso. 

Cuenta José que recién el tercer mes encontró algo importante, un anillo, el primero de más de 50 que tiene. 

En ese sentido, asegura que “el error de mucha gente es pensar ‘yo me compro un detector y me lleno de plata’ y no, no es para eso. El detector es para salir, disfrutar del aire libre y pasarla bien. Si encontrás algo bárbaro, sino bueno”, aclara sobre este hobby con el cual muchos buscan oro, algo difícil de encontrar. 

 

 

LOS BUSCADORES

Jorge Liñeiro, Guillermo Carnicero Sánchez (40), Branco Sánchez y Juan Rodríguez, son otros de los buscadores de la ciudad. Jorge fue el primero en comenzar de este pequeño grupo, y Guillermo se sumó en el último año, luego de ver un video en Youtube, según contó a ADNSUR.

“Yo empecé el último año. Es un hobby raro, pero muy divertido y a la vez que lo van haciendo vas destapando historias y eso es increíble porque encontrás de todo”.

Guillermo admite que cuando compró el equipo al principio no encontraba nada. Sin embargo, luego encontró a José en un grupo de buscadores de Buenos Aires y lo invitó a sumarse a sus búsquedas. Desde entonces no paró más y en la actualidad tiene su propio tesoro: “Una moneda de 1840 española, un botón de la fuerza naval de 1800, entre otras cosas. Ahí me fui prendiendo, porque cuando empezás a encontrár eso no parás. Es divertido, conocés un montón, estás conectado con la naturaleza y a su vez te conectas con la historia. Eso está buenísimo”, dice con orgullo.

 

José y Guillermo son dos de los buscadores de Comodoro.

 

Según cuentan los buscadores, las playas son lugares ideales para buscar cosas perdidas. Mientras que los campamentos viejos o aquellos lugares donde alguna vez asentamientos, son los sitios donde mayor rezagos de la historia se encuentran.

El grupo suele salir al menos una vez al mes, siempre respetando la propiedad privada y pidiendo permiso si es necesario, aunque aseguran que en algunos lugares no los han dejado entrar. 

“En algunos lugares es difícil ingresar, pero bueno hay reglas que seguir; no hay que saltar tranqueras, no hay que meterse a campos, porque vos no podés romper una tranquera y meterte al campo porque está fuera de la ley. Tampoco podés cavar donde hay césped o está parquizado”, dice Guillermo. Y aclara: “cuando salimos decimos vamos a tal lado, que hubo tal cosa y vamos a ver qué sacamos, pero siempre evaluando la historia, no es que vamos porque sí. A veces encontrás cosas buenas, pero también mucha basura”, dice a modo de ejemplo.

El último fin de semana por ejemplo, en donde hubo una vieja estación de trenes, encontraron parte de un reloj de plata y otros elementos históricos, que luego limpian y guardan, en la búsqueda de su propio tesoro, el de la historia que quedó tapada por el paso del tiempo y que ellos quieren descubrir.