En los últimos años hubo un marcado aumento de la evidencia del uso terapéutico de los componentes bioactivos derivados del cannabis sativa. Cabe aclarar que no es lo mismo una cepa medicinal que una para usos recreativos, ya que las primeras tienen mayores niveles de CBD, un cannabinoide no psicotrópico, mientras que las recreativas tienen mayor proporción de THC.

Las investigaciones demostraron que el CBD tiene propiedades neuroprotectoras en varias enfermedades neurodegenerativas, como la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), la enfermedad de Parkinson y de Alzheimer, entre otras, y efectos anticonvulsivos para el tratamiento de la epilepsia refractaria, que afecta principalmente a pacientes pediátricos.

Por este motivo, cuatro universidades nacionales de distintos puntos del país obtuvieron la aprobación de sus proyectos de investigación, cultivo y producción de cannabis medicinal por parte del Ministerio de Salud de la Nación.

Las universidades nacionales de La Plata (UNLP), Tucumán (UNT) y Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) recibieron buenas noticias en mayo pasado, ya que sus proyectos para el cultivo, investigación y producción del cannabis sativa con fines terapéuticos o medicinales recibieron la aprobación de la cartera de salud. El primer objetivo es encontrar la mejor cepa para su uso como medicamento y asegurar esa calidad en todo el proceso, lo que implica cultivos en condiciones controladas.

"Haber conseguido la aprobación significa lograr llevar adelante el primer cultivo institucional de cannabis medicinal en Tucumán", destaca María Inés Isla, directora del Instituto de Bioprospección y Fisiología Vegetal, encargado de llevar adelante el proyecto en esa universidad.

La investigadora destacó además, la importancia de producir plantas locales. "Las cultivadas en Tucumán pueden producir metabolitos diferentes o en cantidades distintas de las cultivadas, por ejemplo, en el sur del país o, incluso, dentro de una misma región, ya que dependerá si la planta se cultiva en lugares áridos o semiáridos o con diferente radiación ultravioleta”, dijo. 

Por su parte, la UNPSJB dispondrá de 800 m2 repartidos en dos invernaderos en los que, en una primera etapa, se cultivarán seis variedades diferentes de la planta separadas por parcelas. Esto es importante ya que cada variedad requiere un manejo específico (poda, fotoperiodo, superficie de cultivo, riego, fertilización, etc.) y un momento adecuado. Mientras que la segunda etapa del proyecto comprende la identificación de sus componentes activos (cannabinoides, terpenos y terpenoides). 

"Me parece muy importante que las universidades estén presentes en un tema tan sensible y complejo, ya que son instituciones rigurosas y con credibilidad. Además, hay una gran sinergia entre las que estamos trabajando en este desarrollo”, señaló el secretario de Ciencia y Técnica de la UNPSJB, Fabián Scholz. 

La UNPSJB cultivará y producirá cannabis para uso medicinal

Por su parte, la iniciativa de la UNLP involucra no sólo a investigadores de las facultades de Ciencias Agrarias y Forestales y de Ciencias Exactas, sino que además participarán asociaciones vinculadas al cultivo con fines terapéuticos y profesionales de la salud. En principio, comenzarán con el cultivo de 2 cepas para luego, en una segunda etapa más vinculada con la bioquímica, analizar su comportamiento.

Cristian Weber, prosecretario de Innovación y Vinculación Tecnológica, cree que incluso el cultivo de cannabis medicinal y cáñamo industrial puede ayudar a diversificar la producción hortícola argentina, beneficiando no sólo al suelo, sino también a productores en mercados saturados. “Esta aprobación es una noticia excelente, ya que penalizar una planta con tantos beneficios sólo porque tiene un principio psicoactivo es limitar la producción”, enfatiza.

UNA CREMA PARA LAS INFECCIONES 

Otra universidad que recibió la aprobación del Ministerio de Salud es la Universidad Nacional de Hurlingham, pero su proyecto es bien diferente. En este caso, la intención es generar cremas o productos de aplicación tópica para infecciones de la piel producidas por quemaduras, diabetes o heridas ulcerosas.

“El cannabis sativa representa una fuente interesante de agentes antibacterianos para abordar el problema de la multi-resistencia a antibióticos de las bacterias patógenas, que representa uno de los problemas de salud pública más grande a nivel mundial y en constante crecimiento”, comenta Paulo Maffía, director del proyecto.

El estudio del cannabis en el área de la microbiología es incipiente, ya que la mayoría de las investigaciones se realizaron en patologías neurológicas o neurodegenerativas. Sin embargo, su potencialidad es muy grande, no sólo a nivel salud, sino también económico. “Es muy importante este avance, ya que de otra manera no podríamos trabajar, porque estaríamos en el área de drogas peligrosas”, finaliza.

ANTECEDENTES EN ARGENTINA 

Las comprobaciones científicas acerca de los beneficios del cannabis sativa provocaron que cada vez más países modificaran sus legislaciones para permitir su uso medicinal y que su producción crezca exponencialmente a nivel global, convirtiéndose en una nueva fuente de empleo de calidad y desarrollo productivo, con Canadá, Israel y Estados Unidos como países que lideran este desarrollo.

En Argentina, los antecedentes se remontan a 2017, con la aprobación de la Ley 27.350, cuyo objetivo fue otorgar "un marco regulatorio para la investigación médica y científica del uso medicinal, terapéutico y/o paliativo del dolor de la planta de cannabis y sus derivados, garantizando y promoviendo el cuidado integral de la salud”.

Esta ley contempla, además, la creación del Programa Nacional para el Estudio y la Investigación del Uso Medicinal de la Planta de Cannabis, sus Derivados y Tratamientos No Convencionales, dentro de cuyas acciones se encuentran el impulsar la evidencia científica que permita a los pacientes acceder a la planta en forma segura. Además, durante este mes de junio, el gobierno nacional presentó un proyecto para regular su desarrollo y también del cáñamo industrial.