“Al principio no corría ni una cuadra”, dice Marcelo Rementería (55), el comodorense que junto a su mujer, Alejandra Fernández (52), la última semana ganó “El Cruce”, una carrera de 100 kilómetros que reunió a más de 5000 atletas de todo el mundo. 

Por ese entonces Marcelo tenía 35 años, y se estaba recuperando de una lesión en el tendón de Aquiles que lo obligaba a correr en la playa y hacer cucharita con el pie. Sin embargo, no imaginaba que la actividad se iba a convertir en el modo de vida para él y su mujer.

Marcelo y Alejandra son los últimos ganadores de “El Cruce” en la categoría "Mixtos C". Luego de 10 ediciones y un segundo puesto en 2017, la pareja comodorense se quedó con el primer lugar y completó una gran carrera de 100 kilómetros dividida en tres días. 

Sin duda, para ellos significa el gran logro deportivo de su vida, por lo menos hasta ahora, y la invitación para seguir soñando, sabiendo que Mount Blanc, Francia, el Dakar del atletismo, espera por quinta vez en agosto de 2022. Pero vamos al principio.

La pareja de Comodoro que ganó El Cruce, la competencia de montaña que reúne a atletas de todo el mundo

UNA HISTORIA DE AMOR Y DEPORTE

Marcelo y Alejandra se conocieron hace 32 años, en el 89. Ella tenía 19 y el 22, y jugaban juntos en el equipo de voley de Club Huergo. Por ese entonces, Marcelo ya había regresado a Comodoro, luego de un paso por Córdoba donde jugó Liga Nacional de Voley. Mientras que Alejandra había pasado su primer año como universitaria. Entre redes, saltos y entrenamientos se conocieron, y el flechazo fue instantáneo. Así seis meses después comenzaron a salir. 

Según cuentan, hace 32 años son novios, y hace 28 están casados. Tienen un hijo que vive en Buenos Aires, donde montó una pequeña productora de cine, y viven prácticamente para el Trail, las carreras de montaña que descubrieron hace veinte años, cuando Marcelo sufrió esa lesión en el talón de Aquiles.

Por ese entonces, ya habían dejado el voley y entrenaban para romper la rutina del trabajo y la diaria, pero un día Marcelo comenzó a correr y todo cambió. “Empecé porque me enganche con un grupo que andaba en bicicleta en Rada Tilly, y andaba en bicicleta y corría”, recuerda él sobre los inicios.

“En ese grupo estaba el famoso Norberto González, y salíamos cada tanto a correr al campo. Me acuerdo que en una de esas salidas, un día me dijo ‘anotemonos en el Cruce de los Andes', y fue muy loco, porque fue algo así y nos anotamos”.

Era el año 2005 y Marcelo realizó su primer Cruce con González. Luego lo hizo con Alfredo Guinea y en 2008 decidió participar con Alejandra, quien había comenzado a correr un año antes, como una forma de superar un difícil cuadro de salud que incluyó una operación. Así, con una carrera de Crónica de 11 kilómetros en el lomo y otra carrera de Trail de 14K, Alejandra corrió su primer Cruce junto a Marcelo y fue único, admite.

“Fue amor a primera vista. Me enamoré de las montañas, de esos senderos. Fue un Cruce duro porque cuando uno está cansado, con sed y con hambre sale lo mejor y lo peor de uno. Alguna lágrima cayó, pero la belleza lo compensó todo e hizo que sigamos”, dice ella a la distancia.

Marcelo y Alejandra en su primero Cruce, en el año 2008.
Marcelo y Alejandra en su primero Cruce, en el año 2008.

Desde entonces, Marcelo y Alejandra corren El Cruce cada vez que pueden. Es la única competencia que participan en equipo, y, en paralelo, también compiten en otras carreras, donde suelen cruzarse en algún sendero, sabiendo que siempre están en el mismo camino. Pero por supuesto, el recorrido nunca fue sencillo.

En esos primeros años, Marcelo trabajaba en Buenos Aires de lunes a viernes, y Alejandra se hacía cargo de su hijo y del movimiento de la casa. Así solo corrían cuando podían, aprovechando cualquier momento.

El Cruce tampoco era el mismo. Por ese entonces, cada participante tenía que llevar su propia carpa y hacerse la comida, muy diferente a lo que es hoy, que se convirtió en una marca internacional y un emblema del trail de montaña en Sudamérica.

En 2017, la pareja había obtenido el segundo lugar de la competencia, y desde entonces no había podido participar del certamen; primero por dificultades familiares y luego por la pandemia que canceló todo. Así, este año volvieron a la carrera para hacer el circuito Villa La Angostura, Lago Espejo, Bahía Inalco, Puerto Manzano y Cerro O'Connor, sumando los 100 kilómetros.

La pareja de Comodoro que ganó El Cruce, la competencia de montaña que reúne a atletas de todo el mundo

INCERTIDUMBRE Y ESFUERZO

Marcelo y Alejandra aseguran que el primer día se dieron cuenta que podían ganar, sabiendo que esa era la jornada para apostar a su fuerte.

“El primer día nos dimos cuenta de que podíamos ganar. Era uno de los días más difíciles, pero apostamos al fuerte nuestro. Sabíamos que el segundo día era para gente que corriera más y sabíamos que estábamos 13 minutos arriba del segundo, así que teníamos que aguantar las otras dos etapas. Pero el segundo día pudimos sacarle cuatro minutos más y sabíamos que el tercer día teníamos que aguantar, rogando que no pasara nada que te haga quedarte en el camino”.

En toda la carrera, Marcelo y Alejandra no sabían quiénes eran sus perseguidores directos. Sin embargo, el último día de competencia identificaron a la pareja mendocina y la vieron pasar frente a sus ojos. 

Por eso hasta el final fue todo incertidumbre, cansancio y sobre todo esfuerzo, tratando de sumar segundos al momento de trepar el cerro O’ Connor, y también en la bajada, entre el bosque y la ruta hasta la llegada de meta final.

Marcelo y Alejandra, aseguran que los últimos 10 kilómetros fueron los más largos del mundo, pero cuando llegaron a la mesa de control les dijeron que estaban primeros; habían ganado la carrera más importante de sus vidas, y lejos de sentir algarabía o euforia, sintieron paz.

Es que como dicen, este tipo de carrera son como la vida misma. “En 24 horas corriendo pasás por todos los estados emocionales. Querés seguir, llegás a un lugar te aplauden, te reciben con elogios y no das más de felicidad, pero a los 10 minutos sentís que sos un desastre, que te querés ir y te preguntás cuándo terminás. Entonces cuando llegas a la meta más que felicidad sentís mucha paz, y eso es lo que nos pasó esta última vez, más que algarabía y felicidad, nos dio mucha paz. Es un estadio superior, porque no fuimos a ganar, fuimos a correr contra nosotros mismos”, dice Marcelo. 

La pareja de Comodoro que ganó El Cruce, la competencia de montaña que reúne a atletas de todo el mundo

Por estos días, Alejandra y Marcelo disfrutan de esa paz que les dio la victoria. Porque como dice ella, “fueron dos años duros en lo emocional y en lo físico”. Entonces lo sienten como “una caricia al alma”, recordando todo lo que pasó en el camino a la meta; desde aquellos duros momentos en la montaña, hasta los entrenamientos en doble turno que comenzaban a las cinco de la mañana y el fondo de un domingo con casi 150 kilómetros de viento. Es que como cuentan, su vida gira en torno al trail, desde la dieta, los descansos y hasta la planificación de las vacaciones. 

Ahora llegó el momento de pensar en Mount Blanc, aquella carrera en la que participaron en cuatro ocasiones, tras acreditar puntos y salir sorteados.

Para ellos será la oportunidad de volver a ver esos amaneceres únicos que ofrecen este tipo de experiencias, y correr junto a otros atletas de todo el mundo que sueñan, como ellos, con llegar a la meta, el significado del triunfo en este tipo de carreras. 

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