COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Cuenta la historia que una noche, en una peña en Comodoro Rivadavia, Rubén Chauque (64) se cruzó con Abelardo Epuyén González, el gran maestro de los músicos de la cordillera, y éste le dijo una frase que marcó su carrera: “Suba, cante, pero nunca cante al pedo”.

El encuentro con el gaucho, quien llevaba un facón atravesado en la cintura, se dio previo a que Rubén suba al escenario. González le preguntó quién era, qué iba a hacer, y le dio ese consejo, sin saber la importancia que tendría.

Cuenta Jeremías Chauque, el hijo de Rubén, que esas palabras “se transformaron en su fundamento de vida, porque a partir de ahí asumió la identidad patagónica, la canción y una forma de expresarse”.

Estos primeros días del año no son nada fáciles para la familia del músico. Rubén está internado y será operado de un tumor benigno que tiene en la cabeza. “Él está clínicamente bien, estable. Hace un mes y medio fuimos al médico por una molestia en la vesícula, era una infección y entre tratamiento y tratamiento le hicieron una tomografía y encontraron un tumor. Entonces pasamos de la vesícula a la cabeza con una cuestión mucho más delicada, pero bueno, nos agarró por sorpresa”, cuenta Jeremías a ADNSUR, sabiendo que si su papá no hacía esa primera consulta quizás no descubría el tumor. 

Por el momento solo queda esperar la intervención. Mientras tanto, músicos de todo el país se unieron en una serie de actividades solidarias, que reúnen a León Gieco, Divididos, La Renga, Víctor Heredia, Teresa Parodi, entre otros. Pero vamos al principio. 

 

Rubén Patagonia en sus primeros años durante su primera sesión fotográfica.

 

LOS INICIOS DE SU CARRERA 

La historia de Rubén Chauque comienza en Cañadón Perdido, un desaparecido y pequeño paraje de origen petrolero. Allí vivieron sus padres, y cursó los primeros años de su infancia. Cuando era chico, su familia decidió mudarse a la ciudad, y el barrio General Mosconi fue su patio de travesuras, en una pequeña casa cercana al Estadio Municipal. 

La vida nómade siempre acompañó a Rubén y ya adolescente decidió seguir camino. Sarmiento fue su tercer destino. Allí terminó de crecer entre gallos y ovejas en la tradicional escuela agropecuaria del poblado.

En la ciudad de los lagos, Patagonia también comenzó a subir a los escenarios y terminó haciendo de la música su vida. “Él canta desde chiquito, siempre cantó, pero en Sarmiento comenzó una etapa de armar grupos de rock”, recuerda Jeremías. “Estuvo bastante ligado a las bandas de aquellos tiempos del pueblo, donde hacían desde rock hasta música para bailar o chámame”.

Fue en en los primeros festivales en Comodoro Rivadavia donde Rubén comenzó a codearse con referentes de la música regional, y en uno de ellos recibió el consejo de Abelardo Epuyén González

Eran épocas en que comenzaba un movimiento cultural que hablaba de la Patagonia, con músicos y poetas como abanderados de una identidad cubierta de polvo. 

Fue en una de esas peñas donde Rubén también encontró el nombre que lo acompañó toda su vida, algo que siempre recuerda en charlas de músicos. “En una peña donde le daban un lugarcito para cantar, un día aparece y en el pizarrón de la cartelera encontró un nombre que decía ‘Rubén Patagonia’. Era finales de la década del 70, y dijo ‘que bueno, más cantores patagónicos’, pero resulta que Rubén Patagonia era él. Le pusieron así por su insistencia de cantar canciones de la región. Imagínate que si no es muy conocido ahora, como era 40 años atrás”.

Desde entonces, Rubén Chauque se convirtió en Rubén Patagonia, una marca registrada. Tal como le dijo Abelardo Epuyén González, no cantó al pedo; hizo de su música su identidad y se convirtió en un militante de sus raíces tehuelches, la identidad patagónica, la tierra, el agua, el folclore y “el abrazo”, tal como dice Jeremías.  

Mi viejo es un militante del abrazo, donde estuvo dejó una mesa tendida, un abrazo tendido y fundamentalmente Rubén Patagonia como propuesta artística está sostenido desde esa base. Eso nos ha permitido sostener esta propuesta artística y familiar, con todo lo difícil que implica sostener una propuesta con la que aún en la Patagonia nos cuesta ganar espacio. Se necesita un corazón muy grande, una constancia y una perseverancia muy grande para hacer esto”, dice con orgullo. 

 

Rubén Patagonia en sus primeros años, tocando en el Cine Teatro Español.

 

DEL ESCENARIO A LA PANTALLA GRANDE Y EL ROCK

Su carrera a Rubén Patagonia lo ha llevado por los grandes escenarios del folklore, el rock, pero también el cine. En la década del 80, se dio el lujo de debutar en la pantalla grande de la mano de Carlos Sorín en “La película del Rey”. También participó en “La eterna sonrisa” con Daniel Lay Lewis, la serie italiana “De los Apeninos a los Andes” y la película francesa “El navegante y los cóndores”. Más, adelante, ya en la década del 2000 actuó en la serie de Telefe “El Elegido” y la película “El Camino”.

 

Rubén Patagonia en la década del 80 debutó en la pantalla grande, de la mano del director Carlos Sorín.

 

Patagonia también tocó con grandes artistas del rock como León Giego, Los Cafres, Los Fabulosos Cadillacs, La Renga, Papo y Ricardo Iorio, a quien conoció por un casete que un amigo del cantante de Almafuerte le compró en una peña, cuenta Jeremías. 

“Fue cerca del 2000. Me acuerdo que estábamos en Cipolletti, era tarde, 2 o 3 de la mañana. Me acuerdo que llamó y atendí yo. Me dice ‘Hola, habla Ricardo Iorio (imita su voz). Yo le hice una canción a tu papá. Seguramente no me conoce pero hace como tres días que estoy escuchando su casete’. Nos contó que lo compró un amigo de él que vive en Ayacucho, en una gira por la costa de Buenos Aires. Tocando en una peña, a las 5 de la mañana, donde había cinco personas, nos compró un casete que nos permitió sostener el combustible para el móvil y se lo dio a Ricardo. Él hizo la canción y nos dijo ‘la grabe, quiero conocerlos, quiero que vengan a Buenos Aires”.

 

Patagonia junto a Iorio, Mollo, entre otros músicos.

 

 

Par Mil - versión mapuzungun / Rubén Patagonia - Ricardo Mollo / Divididos

 

Jeremías admite que el rock les dio el lugar que muchas veces no encontraron en el folclore. Así, Patagonia tocó en grandes templos, como Cemento, Obras y el Luna Park junto a Divididos, donde Jeremías vivió uno de los momentos más sublimes de su vida en la música. 

Es que su hijo, que hoy tiene 43 años, se crió entre cables y guitarras. Sabe lo que es dormir debajo de un escenario y ver sufrir a sus padres porque el dinero no alcanzaba para pagar la luz.

Asegura que la vida del músico no es fácil; por esa razón, valora el compromiso de su familia. “Esto fue mucha convicción, mucho cuesta arriba. No fue fácil, hermano. Era muy difícil sostener esto desde la Patagonia. Hoy tenemos el celular y posteas algo y el país se entera, pero antes tenías que hacerlo pueblo por pueblo, kilómetro por kilómetro, radio por radio. Por eso buscamos otros espacios, porque sino dejabamos la Patagonia iba a ser muy difícil sostenerlo. Imagínate que si hoy nos cuesta participar en los festivales nacionales, a mis viejos le piden que mande un curriculum, imagínate en ese momento. Pero todo lo que se ha construido es porque hay una coherencia artística”.

 

Rubén junto a Jeremías, su gran compañero en esta aventura musical.

 

VOLAR PARA SEGUIR SOÑANDO

A principios de la década del 90, antes de que muchas de estas cosas pasaran, Rubén y su familia dejaron Comodoro, su vida en Kilómetro 3 a media cuadra de la Escuela 143 y sus años en las 1008, como se conoce popularmente al barrio 30 de Octubre.

Jeremías tenía 12 años; recién había terminado la primaria, y decidieron buscar nuevos espacios que le permitan sostener su carrera. Cipolletti, en Río Negro, fue la primera opción. Luego llegaría Varaderos, en Buenos Aires, y más tarde Córdoba. 

Hace aproximadamente un año Rubén se mudó a Santa Fe, al mismo pueblito rural, a orillas del Paraná, donde vive Jeremías. Allí vivió la pandemia y descubrió este tumor que lo tiene a maltraer; que lo volvió a poner en la escena mediática del país; y que de alguna forma, gracias al apoyo de toda una comunidad, le permite ver que no cantó al pedo, tal como le dijo Abelardo Epuyén González en aquella peña de la década del 70 en su querida Comodoro Rivadavia.

 

Fiel a sus principios, Rubén Patagonia es un militante de la identidad patagónica, la tierra, el agua y el folclore.