COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Ella tiene 80 años, el 83 y hace 57 años dieron el sí en la Iglesia Santa Lucía de Kilómetro 3, donde se juraron amor. Este domingo, se cumplió un aniversario de ese día, y por la pandemia no pudieron festejarlo como solían hacerlo, pero si de un modo inusual que se hizo viral en las redes sociales: bailando un vals, tras haber recibido la vacunación Covid - 19.  

El video en que se ve a José Álvarez y Antonia Pérez Castro bailando explotó en las redes, no solo por su valentía de bailar frente a todos, sino por lo que significa para los mayores de 70 años recibir la vacuna luego de un año de soportar esta dura pandemia.

José y Antonia admiten que no esperaban que ese simple baile tenga tanta repercusión. 

Cuando bailaron no sabían que los estaban filmando, simplemente cumplieron con el pedido que le hizo una de las vacunadoras, quien al saber que era su aniversario, dijo 'pongan un vals'. Así, José y Antonia se encontraron bailando ante todos en medio de un gimnasio, tal como hicieron hace 57 años en la capilla de kilómetro 3.

“Nunca nos imaginamos que iba a tener tanta repercusión. Hoy nos llamaron de la radio de Víctor Hugo Morales, salió en LU4, ustedes. Pero no es nada feo, es lindo, y mucho más que todavía podamos ir a vacunarnos completamente solos”, dijo Antonia.

LA HISTORIA DE DOS INMIGRANTES

La historia de José y Antonia es un reflejo del Comodoro de antes. Ambos vivieron prácticamente toda su vida en Comodoro Rivadavia, pero en realidad son inmigrantes. Él vino de Chile en los brazos de su mamá cuando era solo un bebé; y ella a los 16 años llegó de Barcelona, España, a donde había emigrado su familia tras dejar Andalucía.

José y Antonia se conocieron en el viejo centro de Comodoro. Ella trabajaba en Casa Florida, una mercería donde también vendían ropa de bebé, y él en Argensud, un ramos generales que estaba ubicado frente a lo que hoy es el Correo Argentino.

La hermana de José, que trabajaba con Antonia, los presentó y en tiempos de juventud compartieron salidas y días de playa. 

Luego de 57 años cuentan que cuando se conocieron solo era una amistad, recién el flechazo llegó el día que se casó el hermano de Antonia y José ofició de testigo de bodas

Desde entonces nunca más se separaron y al año se casaron en la Iglesia de Santa Lucía. 

 

 

VIVIR EL ASLAMIENTO

José y Antonia vivieron en Standard, en la casa de los padres de ella, luego alquilaron en Comodoro y en 1979 se mudaron a Saavedra, el barrio donde toda su vida había vivido José. 

Eran tiempos en que Saavedra era un par de galpones y un hermoso parque ypefiano. Allí construyeron su casa y su hogar, donde criaron a sus tres hijos: Héctor, Adrián y Mirta y pasaron la pandemia. 

Como le sucedió a todo el mundo, la cuarentena obligó Antonia y José a permanecer aislados. Estaban dentro de la población de riesgo y decidieron tomárselo con responsabilidad.

“La hemos pasado tomándolo de la mejor forma posible, porque con deprimirse no se gana nada”, dice Antonia con seguridad. “Antes de la pandemia siempre nos juntábamos con los hijos, los nietos que  venían a comer el domingo, en los cumpleaños, pero este año pasado y ahora nada. Solo nos vemos, pero si vienen un rato están sentado lejos, con barbijo y solo un rato; sin abrazos, sin besos”.

Antonia admite que tenían ganas de vacunarse. Por esa razón, el viernes cuando supieron que se iba habilitar la turnera, intentaron acceder a un turno. El sistema colapsó y como muchos, no pudieron hacerlo. Sin embargo, lejos de darse por vencida Antonia intentó nuevamente a media tarde y obtuvo sus turnos. 

El domingo a pesar del viento se prepararon para la ocasión. Estaban contentos y al horario pautado se acercaron al gimnasio y terminaron bailando el “Danubio Azul” ante todos, gracias a José. 

“A mi me ocurrió decirle a la chica que me vacunó que justo cumplíamos 57 años de casados, entonces enseguida le dijo a alguien que ponía música, que nos ponga un vals para que nosotros bailamos, y después que nos tomaron los datos, bailamos”.

Entre risas, José dice que no se olvidaron de cómo bailar el vals y cuenta que mientras bailaban fueron filmados. Y una vez que terminaron la pieza les pidieron permiso para subir el video a las redes. 

Ellos se fueron a casa a descansar tras la vacunación, y cuando menos lo esperaban comenzó la repercusión del video, no solo en la familia sino también en los medios de comunicación.

Todo esto que les pasó a ellos los pone contentos, ya que de alguna forma celebraron la vida. “No pudimos celebrar como siempre, pero lo celebramos. Fue una manera distinta de celebrarlo. Hay que variar'', dice entre risas. “Pero aparte estamos contentos de recibir la vacuna y de poder ir a hacerlo solos que no es poco”, dice Antonia, felíz por haber recibido la vacuna, pero también por el trato que recibieron en el lugar, ya que se sintieron acompañados y cuidados, y todo gracias a un simple gesto que para ellos significó mucho.