“Es la experiencia laboral que recuerdo con más cariño”, confiesa Mario Wawrynczak (70) al recordar lo que significó Kenia Sharp S.A en su vida. Por ese entonces tenía solo 26 años y había llegado a Comodoro Rivadavia desde Buenos Aires para trabajar en un proyecto que lo hacía volar: la creación de televisores a color que prometían cambiar la industria del entretenimiento.

Son las 19:00 horas del jueves. El calor se hace sentir en la Ruta Nacional N° 3, allí en diagonal de donde está la planta abandonada de Guilford, y Mario junto a Luis Jaramillo, quien era jefe de personal en la empresa, posa al frente del local que alguna vez albergó sueños, historias y que sintieron como su casa.

A la distancia, Mario admite que siente felicidad cada vez que se cruza con uno de los ex empleados de Kenia y lo saluda como ‘jefe’. Es que como dice, “que te sigan llamando jefe luego de 40 es el mejor regalo”.

Mario y Luis son dos los más 1000 empleados que pasaron por la empresa argentina que a principios de la década del 70 se instaló en Comodoro, y que a fines de ese decenio se propuso crear el primer televisor a color, en convenio con la firma japonesa Sharp. 

Luis y Mario, convocados por ADNSUR recordaron la historia de Kenia Sharp.
Luis y Mario, convocados por ADNSUR recordaron la historia de Kenia Sharp.

UN POCO DE HISTORIA

La empresa aterrizó en la ciudad en 1972, gracias a la ley de promoción industrial provincial. Sus inicios fueron en la calle Rawson, en un pequeño local donde fabricaba autoestereos, magazines y cassettes, pero también armaba cassette y magazines. 

Dos años después, se mudó al barrio Industrial, donde en la actualidad funciona Gomerías Monza. En Slapeliz e Hipolito Yrigoyen, Kenia S.A vivió su mejor época, llegando a fabricar 5000 televisores por mes en jornadas de doble turno.

Según cuentan los protagonistas de esta historia, más de 1000 empleados pasaron por las instalaciones de la fábrica, principalmente mujeres en una época donde no se hablaba de feminismo ni mucho menos de igualdad de derechos.

Luis y Mario se sumaron a la empresa cuando la firma ya estaba en el barrio Industrial. Por supuesto, el sector no era ni la sombra de lo que es hoy, convertido en una de las avenidas principales de la ciudad y con una importante cantidad de comercios y empresas de diferentes rubros.

Luis fue el primero en sumarse. Tenía solo 20 años y recién había salido del servicio militar obligatorio en Prefectura Naval, donde eligió quedarse un año más. En su salida de la colimba comenzó a buscar trabajo y encontró un puesto en esa fábrica que ofrecía una buena oportunidad laboral. 

Era noviembre de 1974. Por ese entonces, Kenia tenía unos 40 empleados, y se dedicaba a la fabricación de magazine y cassettes. Mario, en cambio, llegó en enero del 79.  Venía de ser supervisor de una fábrica de electrónica que armaba electrodomésticos. Kenia en tanto, tenía 47 empleados, y tras un primer acuerdo con Sharp para fabricar radios con AM y FM, en tiempos en que no había radio FM en Comodoro, se propuso fabricar televisores en forma artesanal, algo completamente atípico para la Patagonia, ya que como muchas veces, todo se centra en Buenos Aires.

EL TELEVISOR A COLOR

La primera experiencia televisiva de Kenia fue la fabricación de televisores blanco y negro con gabinete de madera de 12 y 14 pulgadas. Por ese entonces ya no se hacían magazine, pero si cassete, y se apostaba todo a un sueño, el televisor a color, apostando al crecimiento de la firma, lo que conllevó la construcción de una nave de 400 metros cubiertos con una sola columna. Es que como dice Mario, Kenia, que era gerenciada por José Villanueva (ya fallecido) era una planta modelo con personal modelo.

Mario tiene esos recuerdos en la retina, y se le ilumina la cara cuando habla de esa aventura que significó el primer televisor a color comodorense. “Fue algo maravilloso, porque las transmisiones oficiales comenzaron el primero de mayo de 1980 y nuestra primera producción fueron 22 televisores en el mes de febrero. Con el Canal local, Canal 9 de Comodoro habíamos acordado hacer las pruebas, porque sus equipos permitian la recepción de señal a color en norma NTSC, que no es la norma de Argentina, entonces habíamos hecho un acuerdo que ellos nos ponían la señal de transmisión durante la mañana, en color y en señal de PALM para que nosotros además de hacer la señal de ajustes técnicos en la planta, pudiéramos ver la señal directamente por antena, así que fue una experiencia fantástica”.

Mario reconoce que la televisión color asombró a todos. Quienes estaban en el área técnica, pero también al resto de los empleados, “porque la propia gente de la nada, y con sus manos, vio cómo se armaba semejante producto”.

Cada cierto tiempo la japonesa Sharp enviaba delegaciones a Comodoro para auditar el trabajo. "Se sorprendían de la calidad y cantidad de producción que hacíamos sin robótica", recuerda Mario.
Cada cierto tiempo la japonesa Sharp enviaba delegaciones a Comodoro para auditar el trabajo. "Se sorprendían de la calidad y cantidad de producción que hacíamos sin robótica", recuerda Mario.

A la distancia asegura que “fue mágico”, el inicio de la mejor época de sus vidas, llegando a toda Argentina desde la ciudad donde solo se hablaba de petróleo e YPF. Es que desde el depósito de la firma en el barrio todos los días salían camiones que llevaban los productos fabricados por sus empleados. 

“Llegamos a abrir la fábrica a las 6 de la mañana y a cerrar a las 12 de la noche. Trabajamos en dos turnos y medio, hasta los fines de semana, porque la demanda era impresionante. Hubo un momento en que no dábamos a basto con la empresa de televisores, solamente de pensar en Comodoro. Teníamos la producción de meses vendida. Era impresionante. Todas las tardes se cargaba un camión térmico completo con 400 televisores que se mandaba al norte para su distribución, pero además salían camiones con casetes”. 

La televisión por esos años sin duda era una fiesta. La gente se reunía a ver tv en la casa del vecino que tenía y muchos quedaban congelados frente a las vidrieras de comercios céntricos que se daban el lujo de tener su propia tv. Así, todos los días se podía ver gente en las vidrieras de Casa Villeco, en Alem y Rivadavia; Óptica San Jorge, o Full Time, una empresa de la calle San Martín que se caracterizaba por tener la última tecnología en audio.

Para Mario y Luis era un orgullo ver ese furor que causaba un producto hecho en Comodoro en forma artesanal, algo que maravillaba a los representantes de Sharp que solían llegar a la Patagonia para auditar el trabajo de la fabricar y mejorar los procesos de ensamblado.

Pero no todo es para siempre dice el amor, y el boom de Kenia no fue la excepción. Y a mediados del 82, comenzó la debacle, impulsada por la ley ley de promoción industrial de tierra del fuego que otorgaba grande beneficios impositivos a quienes generen empleo en el fin del mundo. 

Mario recuerda que muchas empresas que hasta entonces funcionaban en Buenos Aires, se mudaron a Tierra de Fuego, y Kenia también siguió ese camino. Así, primero aparecieron los retiros voluntarios, y la posibilidad de ser trasladado a la sede de Tierra del Fuego. Luego vinieron los despidos, y el concurso de acreedores.

Así, la empresa que se había hecho famosa por haber fabricado la primera cocina con barbacoa, entró en crisis. En los primeros años, trató de mantener la producción en Comodoro Rivadavia apostando a un convenio con Brown para fabricar electrodomésticos, como balanza de cocina y secadoras de cabello. 

Por ese entonces, Mario ya dejado la firma, impulsado a incursionar en política, en el retorno a la democracia por Pedro Aníbal Peralta, el intendente de Rada Tilly. Así, fue secretario de gobierno durante su primera gestión, y el primer año de la segunda. 

Luis por su parte, se quedó en la firma y fue el último en irse, cuando en 1986, Kenia S.A entró en convocatoria de acreedores. En ese momento, él continuó trabajando para el juzgado comercial y luego fue contratado por la empresa que compró la planta, hoy conocida como Grupo Milla, la dueña de Gomerías Monza.

Así, Luis pasó toda su vida activa en el mismo edificio donde alguna vez, con 20 años, comenzó a trabajar. Incluso mucho tiempo vivió en los departamentos que tenía la empresa, y sus hijos prácticamente se criaron en el lugar. 

Para Mario y Luis Kenia Sharp fue una familia.
Para Mario y Luis Kenia Sharp fue una familia.

Por estos días Luis ya se encuentra jubilado, pero no se olvida de los tiempos de Kenia, tal como le sucede a Mario. “No todas las empresas son iguales, pero era como una familia.

Eran otros tiempos, la gente se dedicaba más al trabajo que hoy en día, y era muy buena gente, excelentes personas. Por supuesto siempre hay alguna excepción” - dice entre risas-  “pero la empresa era muy buena: te reconocía los pasajes, tenía un comedor y servicio médico en planta y el dueño venía y hablaba con nosotros sin ningún problema. Era lindo trabajar ahí”.

Mientras habla, Mario lo escucha, sonríe y la nostalgia brota, no puede evitarlo. “Fue espectacular trabajar ahí. Fue la mejor época de mi vida. La cultura del trabajo era algo espectacular. El cariño por lo que hacían y el orgullo. El sentido de pertenencia fue la clave.

Para mi era la familia kenia. Yo lo sentí así, vine para hacer un trabajo y me encontré con una familia, porque al estar tan lejos de la familia propia y con un bebe de tres meses, me recibieron con mucho afecto, tanto es así que me terminé quedando en Comodoro”, dice con orgullo.

La entrevista va llegando a fin. Solo faltan las fotos, y qué mejor lugar para hacerlas que frente a ese edificio que los albergó como su casa, allí donde construyeron sus sueños y su vida, todo, gracias al televisor a color, el invento que cambió la forma de entretenerse en el hogar. 

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