CAPITAL FEDERAL - Cuando el 10 de diciembre se renovaron los cargos dentro del Gobierno Nacional, tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, Mónica Schlotthauer no fue designada al frente de ningún área del Estado, no se incorporó al directorio de una empresa ni fundó una consultora, ni se convirtió en asesora de algún colega: volvió a limpiar la estación ferroviaria de Once

La exdiputada del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), recorre la estación vestida con su atuendo de trabajo: remera blanca, pantalón beige con líneas amarillas, borcegos negros y guantes blancos. El detalle que destaca es la inscripción en su remera: "Mujer bonita es la que lucha. Ferroviarias del Sarmiento", una de las organizaciones que integra en su lugar de trabajo.

Schlotthauer fichó la entrada a las 6 y se quedará hasta las 14. Trabaja seis días por semana y tiene franco los sábados o domingos. "Lo primero que hacemos es rasquetear y desmanchar toda la caca de paloma. Después empezamos a limpiar los trenes y los andenes. Hay gente que desayuna mientras viaja y como no hay tachos, tira los residuos en cualquier parte. Además, estamos atentas a los parlantes, por si algún jefe nos indica que hay alguna mancha importante", dice a La Nación la exdiputada mientras camina por el andén levantando del suelo botellas de plástico.

"Es necesario demostrarle a la gente que se puede hacer algo distinto. Me alegra que este tema se haya visibilizado porque abre la discusión de cómo se tienen que manejar los políticos", señala.

La exdiputada menciona algunos casos de legisladores provinciales que volvieron a sus lugares de trabajo originales tras cumplir su mandato en las distintas cámaras, pero a nivel nacional es mucho más atípico. Uno de esos casos singulares es el de Nathalia González Seligra, que volvió a su trabajo como docente secundaria luego de renunciar a su banca. Una dimisión que se produjo, justamente, para que asuma Schlotthauer.

El sistema de rotación de bancas que implementa el Frente de Izquierda y de los Trabajadores consiste en que los diputados de ese espacio no permanezcan en el cargo durante cuatro años, sino que renuncien antes para que asuman otros integrantes de la lista. Este es el motivo por el cual Schlotthauer tampoco trabajará mucho tiempo en Once: ya tiene previsto, en marzo del año próximo, retornar al Congreso.

Schlotthauer tiene 56 años, nació en Isidro Casanova, partido de La Matanza y sigue viviendo allí. De niña era católica y de adolescente cambió la Biblia por el Manifiesto Comunista. Se sumó a la militancia de izquierda en el Partido Socialista de los Trabajadores hacia el final de la última dictadura militar y ya en democracia comenzó su carrera sindical. Fue delegada durante más de diez años en el Sanatorio Antártida, hasta que la despidieron durante el Gobierno de Carlos Menem.

En 2005 se fue a vivir a Venezuela, para apoyar la lucha de la Unión Nacional de Trabajadores, una joven central sindical que cobraba fuerza en esos años: "Me mantenía el entusiasmo de lo que pasaba políticamente. Fue un proceso extraordinario, lo que hizo el pueblo venezolano es la contracara de lo que hicieron los dirigentes chavistas", dice la exdiputada y reconoce que volvió al país por la dificultad de mantenerse económicamente. Estaba "cagada de hambre", en sus propias palabras.

A su regreso, ingresó a trabajar en el área de limpieza del ferrocarril Mitre y luego pasó al Sarmiento. Allí retomó su trabajo sindical, como delegada de la Lista Bordó, que conduce Rubén "El Pollo" Sobrero y su militancia política en Izquierda Socialista, el partido de corriente morenista que integra el FIT Unidad.

Tragedia de Once

"Cuando fue la tragedia de Once yo estaba trabajando acá -relata- En realidad estaba recorriendo la línea, avisando a los compañeros que íbamos a hacer una asamblea. Era difícil viajar ese día, porque se habían suspendido varios servicios. Yo estaba en la estación Haedo, quería subirme a un tren y no podía por la cantidad de gente que había, entonces una compañera me dice ´pedile al maquinista que te lleve´. Fui a preguntarle y me dijo que no, ni siquiera me miró".

El maquinista era Marcos Córdoba, el joven que minutos después se estrelló en la estación de cabecera, en lo que fue la peor tragedia ferroviaria del país, con 51 muertos y más de 700 heridos. "Me subí al siguiente tren y llegué a Once cuatro minutos después del accidente. Lo primero que noté fue un humo denso y cuando me acerco al primer andén era un infierno", aseguró Schlotthauer.

"Cuando lo volví a ver a Córdoba, mucho tiempo después, le dije que, más allá de todo, me salvó". La exdiputada asegura que la acusación que pesa contra el exmaquinista es infundada: "Teníamos presentadas más de 300 denuncias por el estado de los trenes, hasta reclamamos que la ventanita por donde entró Lucas Menghini Rey (el joven que fue hallado muerto 60 horas después del siniestro) tenía que estar soldada".

Militancia feminista

Schlotthauer integra dos organizaciones que buscan reparar la desigualdad de género en su espacio laboral: "Mujer bonita es la que lucha" y "la Casa que Abraza". Esta última es una red de acompañamiento a mujeres víctimas de violencia de género.

"El ferrocarril es un ámbito muy masculino, cuando yo entré a trabajar había 18 mujeres, que limpiaban o, a lo sumo, estaban en administración o boletería. Después de la tragedia empezamos a movilizarnos e impulsamos el cupo femenino. Logramos que ingrese la primera guarda y ahora ya tenemos más de 20, por eso estamos peleando para que nos den un vestuario".

La exdiputada explica que el reclamo surgió en 2012, pero tuvo un fuerte impulso a partir de la conformación del movimiento Ni Una Menos y que ahora tienen mecánicas y operadoras: "Solo nos faltan maquinistas, pero es factible que este año las tengamos. La Fraternidad ya definió en un congreso que en 2020 van a entrar mujeres".

Schlotthauer ocupa su tiempo en el trabajo y la militancia, reconoce que no suele salir demasiado y se lo atribuye a la edad, a que vive lejos y a que tiene un "presupuesto limitado". Si bien aún no cobró su primer sueldo como empleada de limpieza, estima que será de $43.000. Antes, como legisladora, se quedaba con un monto similar y el resto se lo entregaba al partido.

"Cuando viajo al interior, tengo un viático, porque es un gasto adicional, pero la plata se la queda la organización, porque el puesto es de la organización, no mío", señala.

Durante su período como diputada, los viajes al interior fueron frecuentes. Schlotthauer explica que "no hay un día a día en el Congreso", que las reuniones de comisión y las sesiones son muy espaciadas y que los diputados de izquierda usan el resto de los días para apoyar distintas protestas sociales a lo largo del país.

Consultada sobre el nuevo gobierno, la exdiputada lo considera una continuidad del anterior: "Ya se vio ahora con la ley de emergencia económica, a los menos pobres le sacan un poco para darle unas migajas a los más pobres y a los ricos los benefician. ¿Dónde está la plata que nos iban a poner en el bolsillo? Es marketing en el discurso. La izquierda no vende ilusiones, te dice: la única forma de salir del pozo es no pagar la deuda con el FMI".

Fuente: La Nación