RÍO NEGRO (ADNSUR) - “Me dejaron la casa en ruinas. No puedo volver a un lugar en el que está la historia de cuatro generaciones de mi familia porque mi abuelo la compró en 1943”. La cabaña se llama “La Escondida” y fue destruida por un incendio intencional en 2015. Una de las primeras en sufrir los ataques de personas encapuchadas que, invocando un poco sostenible derecho ancestral, tomaron dos años después un predio aledaño. El que contó la situación con tristeza e impotencia es John Grehan. Desde que ocurrió el incendio, solo volvió algunas veces al lugar pero siempre recibió amenazas. Ocurre en Villa Mascardi, ubicada a orillas del lago del mismo nombre a 35 kilómetros de Bariloche​, en Río Negro.

“Bloquearon la tranquera de entrada con banderas y carteles. Ellos están al lado, pero usan mi lugar para hacer pastar a los caballos, dejar el agua. Es decir, se hicieron 'dueños' de un lugar paradisíaco donde ya nadie puede vivir en paz”, agregó el hombre.

Los propietarios de las cabañas y casas de la zona vienen denunciando ataques y robos de encapuchados desde hace casi dos años pero que recrudecieron, según sus testimonios, desde que comenzó la cuarentena por la pandemia del coronavirus ya que la zona está prácticamente desierta. El último ataque de un grupo de encapuchados fue el viernes a un predio del ex Gas del Estado. Lo prendieron fuego. Y cuando los fiscales y la Policía fueron a realizar las pericias, los atacaron a pedradas y hubo disparos de armas de fuego.

Incendios y robos en Villa Mascardi: “Era un paraíso y los encapuchados lo convirtieron en un infierno”

En el 2017 la comunidad Lafken Winkul Mapu tomó posesión de un predio de aproximadamente seis hectáreas ubicadas dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, que a su vez se encuentra dentro de la citada villa. “Todo se puso peor desde la toma. Y la Justicia no hace nada. Ni la local ni la federal. Estamos a la buena de Dios. Varias cabañas y viviendas sufrieron ataques de este tipo que para nada representan a la comunidad mapuche: son vándalos, delincuentes. No solamente provocan destrozos, también roban alambrados, maderas y todo lo que encuentran dentro de las viviendas. Esto es la usurpación de un grupo de delincuentes. El que no lo interpreta así es porque no quiere”, expresó Grehan en diálogo con Clarín.

Nunca volvió a habitar su cabaña. En primer lugar porque no pudo reconstruirla por razones económicas y además, cada vez que fue siempre encontró un clima hostil. “La última vez que fui primero se me acercaron dos encapuchados a insultarme y después con un 'cuernazo' avisaron a los demás que bajaron desde la montaña. Eran unos cuantos. No tuve más refugiarme en la casa del Obispado de San Isidro (NdR: el obispado tiene unas cabañas en el lugar), que después también fue atacada. Esto no puede pasar salvo que sea una zona liberada”.

Luis Dates es dueño de la cabaña “Los Radares". Y también siente indignación por lo que está pasando. “La Villa Mascardi era un paraíso y se convirtió en un infierno”, contó. En marzo de este año sufrió el primer hecho de violencia contra su vivienda. “Pero lo del 11 de mayo pasado no se puede creer. La atacaron con bombas molotov. Y tenían preparados palos con trapos mojados con combustible. Gracias a la Policía y los Bomberos sufrimos pérdidas parciales. Pero no tengo dudas de que fueron a quemar todo”.

Solo cenizas. Asi quedó la cabaña "La Escondida" después del ataque en 2015
Solo cenizas. Asi quedó la cabaña "La Escondida" después del ataque en 2015

Dates es propietario de la casa desde hace dos años aunque por una cuestión familiar hace varias décadas que concurre al lugar. La compró poco después de la toma. Pero nunca imaginó por lo que tendría que pasar. “Toda la villa era un paraíso -insiste- con gente apacible, trabajadora. Que además cuida el lugar, es como si fueran guardaparques. Pero esta gente provocó desastres en la zona. La violencia se acrecienta y es cada vez más frecuente”.

Y continuó: “Les puedo asegurar que atacan con lluvia de piedras. Y a todo el mundo. Ni los turistas se salvan. Sostengo que si no se toman medidas, si la Justicia no actúa de una vez por todas, esto puede terminar en una tragedia. Y no exagero. Yo también creo en una zona liberada que además, ahora con el tema de la cuarentena está desierta y estos delincuentes hacen lo que quieren”.

Dates también manifiesta que “quienes bajan encapuchados no son mapuches. No tienen nada que ver. Incluso, en una punta del lago hay una comunidad que tiene un camping, que trabaja muy bien con el turismo y están integrados a la comunidad. Son pacíficos y trabajadores. Y desconocen a estos delincuentes. Que además no tienen ningún título que certifique que sus ancestros o quien fuera eran dueños de esa tierra. Son usurpadores”.

Por último habló de la “desfachatez” de algunos organismos del Estado como el Instituto de Asuntos Indígenas, el INADI y Derechos Humanos. “Dicen que no hay pruebas ¿Qué más pruebas quieren? ¿Qué nos quemen a nosotros? La estamos pasando muy mal. Los pobladores estables y nosotros. Tiros al aire, incendios, amenazas, robos. Estos tipos meten miedo”, finalizó.