LAGO PUELO (ADNSUR) - La situación vivida en toda la Comarca Andina tras los incendios muestra una imagen de tristeza y desolación. En Lago Puelo, uno de los tantos casos de destrucción total por el ígneo fue el del predio de cabañas "La Posada de Olaf".

ADNSUR, desde el lugar de los hechos, dialogó con Ingrid, una de las dueñas del lugar quien remarcó: "hemos perdido absolutamente todo, nuestra casa y nuestro trabajo. La vivienda donde vivíamos no quedó nada, y acá era donde trabajábamos y de lo que vivíamos. Era un complejo de cabañas con un restaurante, que en  último año no lo abrimos pero lo usábamos para desayunos, cumpleaños, era nuestro medio de trabajo".

Previo al momento vivido, detalló que "cuando inició el incendio estábamos acá. Mi marido había ido hasta la estación de Servicio de El Hoyo. Pensábamos que el fuego se había ido para el otro lado. Sin embargo, cuando regresó vimos humo por la escuela del Radal y entramos hasta casa a buscar algo. Cuando salimos a la tranquera sentimos como bramaba todo. En tres minutos teníamos el fuego acá.

 

Además, señaló cómo observó cuando arrancó otro foco en cercanías de su hogar. "Lo vi con mis propios ojos. No puede ser que de la nada haya sucedido. Salimos corriendo, nos subimos al auto con nuestras hijas. Fue un momento de desesperación, de no saber qué iba a suceder. Sentías como una tormenta de fuego que te quemaba todo. Volaban brazas por todos lados. No llegamos a agarrar nada, ni documentos, ahorro, nada".

Bajo ese marco, sostuvo que "en ese momento no pensas nada, lo único que reaccionas a hacer es correr. Mi hija mayor agarró una cobija que tiene desde que nació y la más chica un par de zapatillas. Yo tenía mi bolso de mano y nos fuimos en auto al Bolsón, a la casa de mi mamá, esperando que mi marido llegará. Cuando llegó, nos dijo "perdón, no pude hacer nada". Cuando volvimos acá ya no había nada".

 

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Ahora, resta comenzar de nuevo. A la par de su familia, iniciar un nuevo camino que les devuelva la ilusión tras la perdida de su única herramienta de trabajo. "Los bomberos voluntarios del Bolsón nos ayudaron a apagar la última parte, por eso se salvó la última cabaña que tenemos. La verdad que todo mí respeto hacia ellos. Al menos nos quedó ese lugar para vivir. Ahora tenemos que arrancar, sacando jeans, escombros. Tengo dos hijas de 8 a 10 años, no puedo esperar. La gente de la Municipalidad no vino a darnos una mano. Sé con quienes cuento, mis amigos y mi familia", sentenció.