FINLANDIA - ¿Es económicamente sostenible una semana laboral de cuatro días? Finlandia empieza a pensar que sí. El nuevo Ejecutivo de coalición finlandés presidido por la socialista Sanna Marin –un Gobierno con 10 mujeres y cinco hombres- cree que los finlandeses podrían pasar de las 40 horas semanales actuales (cinco días de ocho horas) a 32 horas semanales (cuatro días de ocho horas) sin resentir la economía.

Sus análisis –que ya han probado de forma experimental varios ayuntamientos finlandeses- dicen que la reducción de la semana laboral produce un aumento de la productividad de tal calibre que compensa la reducción de horas trabajadas. Antes de ser elegida, cuando aún era únicamente ministra de Transportes, Marin dijo que querría reducir la semana laboral para que los ciudadanos tuvieran más tiempo para otras actividades, como pasar más horas con sus familiares y disfrutar de sus hobbies y actividades culturales o deportivas.

Antes de poner en marcha su reforma, Marin deberá negociarla con su coalición de Gobierno, que incluye a socialistas, ecologistas, liberales, ultraizquierdistas y al partido de la minoría sueca. Todos esos partidos están liderados por mujeres. De lograrlo, Finlandia se convertiría en el primer país del mundo en introducir una semana laboral inferior a 35 horas.

La alternativa a recortar en un día la semana laboral sería reducir hasta seis horas la jornada laboral, trabajando de lunes a viernes pero sólo seis horas, que sumarían 30 semanales. Marin estudia incluso una reforma más radical: seis horas de jornada laboral durante sólo cuatro días a la semana, que harían una semana laboral de 24 horas, 16 menos de las 40 actuales.

La jornada laboral de ocho horas es un logro del movimiento obrero de principios del siglo XX que apenas se ha movido durante más de cien años excepto para dar dos días libres, sábado y domingo, a ciertos trabajadores, mientras sectores enteros de la economía, como el comercio, siguen trabajando los sábados. Hace décadas que la mayoría de los países desarrollados mantienen una semana laboral de cinco días y ocho horas diarias.

Los cambios a esa norma han sido excepcionales. Hace ya casi dos décadas, la Francia del socialista Lionel Jospin introdujo la semana laboral de 35 horas. Los beneficios o daños para la economía, según los análisis económicos, han sido inapreciables aunque ha continuado siendo una medida muy criticada por los gobiernos conservadores, sin embargo no se atrevieron a modificarla.

Los laboristas británicos también han puesto en sus últimos programas electorales la promesa de reducir a cuatro días la semana laboral pero a muy largo plazo, con unos períodos de aplicación que se irían hasta los diez años.

Finlandia cree que puede tener éxito económico y señala experiencias probadas, aunque todas a menor escala. En 2015 el Ayuntamiento de Goteburgo (Suecia) hizo que los 80 trabajadores de una residencia de ancianos pasaran de trabajar 40 horas semanales (cinco días de ocho horas) a 30 horas (cinco días de seis horas) manteniendo sus salarios. Los análisis del experimento dicen los trabajadores eran más eficaces y perdían menos tiempo, compensando así la reducción de su jornada laboral. Además, se redujo en un 15% el número de horas perdidas por bajas médicas.

El diario The Guardian cuenta otra experiencia en Goteburgo. La planta de Toyota cambió totalmente. De abrir de siete de la mañana a cuatro de la tarde, pasó a abrir de seis de la mañana a seis de la tarde. De ocho a 11 horas. Sus 36 mecánicos pasaron de trabajar en un solo turno de ocho horas a dividirse en dos grupos. Cada grupo empezó a trabajar cinco horas y media manteniendo sus salarios. Resultado: menos bajas médicas, reparaciones más rápidas, mejor utilización de la maquinaria y por lo tanto menos gasto en reemplazarla y aumento de los beneficios un 25%.