CAPITAL FEDERAL - Raúl Gutiérrez tiene 36 años y es fisicoculturista. Siempre estuvo ligada al deporte y hace tres años, pudo abrir su propio gimnasio. El hombre se contagió coronavirus y, tras una larga lucha de dos meses en terapia intensiva conectado a un respirador artificial, sobrevivió. 

 El Covid-19 lo atacó sin piedad. El deportista pasó 64 días en terapia intensiva pero finalmente despertó en el Hospital El Cruce, de Florencio Varela.

Durante ese tiempo de incertidumbre, Raúl perdía peso y su novia, dos hijas, padres, hermanos, amigos y alumnos no salían del asombro ante la gravedad de la situación, preguntándose cómo una persona joven, hasta allí sana y sin antecedentes de tener factores de riesgo podía sufrir tanto, según publicó TN este miércoles.  

Pese a que su estado de salud se agravaba, los médicos no renunciaban a salvarle la vida. Le practicaron dos cirugías de pulmón y, al menos tres veces, Raúl estuvo al borde de la muerte.

Lo tuvieron que pronar, es decir le aplicaron la técnica que cambia la movilidad diafragmática y mejora la ventilación respiratoria. El procedimiento se lo hicieron seis veces para que la saturación de oxígeno mejorara. Es un momento extremo, con el paciente boca abajo, para optimizar el funcionamiento del pulmón, y sólo se hace frente al riesgo de muerte.

Alejandra Zabala, la novia del joven deportista, recuerda cada momento vivido deesde aquel sábado en el que los médicos le dijeron que la situación era muy difícil y que faltaba mucho para que su pareja despertara, hasta ese domingo 9 de agosto, cuando le comunicaron que Raúl por fin abrió los ojos.

“Salté de la alegría, lloraba de la emoción, le avisé a los padres y a los amigos. Dios escuchó las oraciones que salieron de mi corazón”, cuenta la joven.

“Cuando se despertó, sentimos por primera vez que podíamos recuperarlo. Y cuando lo desvinculamos del ventilador y sus primeras palabras fueron ‘muchas gracias’, la emoción nos invadió. Todos los que estaban presentes se pusieron a llorar. Cada uno sintió esa sensación de 'misión cumplida’”, reconoce el doctor Néstor Pistillo (M.P. 221.115), jefe de la unidad de cuidados intensivos del hospital El Cruce. 

“Pesaba 100 kilos y por el virus perdí casi 50. Hoy, estoy muy agradecido al Hospital El Cruce. Gracias a ellos, pude volver a estar con mi familia y avanzo día a día”, relató Raúl. 

La propuesta de una “internación conjunta” una vez que salió de la terapia intensiva permitió que su pareja Alejandra se internara con él. Este acercamiento fue muy importante para la recuperación. Antes del alta, Alejandra también fue capacitada por el personal de salud para que pudiera acompañarlo desde su casa.

No menos emotivo fue el recibimiento de Raúl en su barrio. Familiares, amigos y vecinos se congregaron en su casa de Florencio Varela para darle la bienvenida. También, para agradecer a los enfermeros, médicos, personal de limpieza y a todos los trabajadores del hospital.

“Su caso nos sorprendió a todos. La insuficiencia respiratoria por la neumonía que causó el COVID-19 era muy grave. El daño pulmonar fue severo pero logró recuperarse”, detalla Pistillo, quien remarcó que "su caso es una excepción a la regla. Las personas con factores de riesgo deben cuidarse pero esto nos enseña que nadie es inmune al virus”.

“Estamos estudiando qué secuelas deja el virus y los tratamientos recibidos. Raúl ahora hace terapia kinesiológica”, señaló el especialista.

“Estoy caminando, moviendo los brazos. Me paro solo, camino bastante y como muy bien”, aseguró Raúl, a quien los alumnos les escriben a diario y sueñan con volver a entrenar con él.