Después de 54 años, Mónica López, una mujer nacida en Río Gallegos, se reencontró con su madre biológica. Nación en 1967 en esa ciudad santacruceña y a los cuatro días, la vendieron y se la llevaron a Buenos Aires.

Cuando Mónica creció sospechaba que no era parte del grupo familiar, y su papá le contó que había sido adoptada. Y ahí decidió conocer la verdad.

En diálogo con LU12 y La Opinión Austral, la mujer contó que lo primero que supo fue hace tres años: su mamá biológica trabajaba en una peluquería en la capital santacruceña, hace ya varias décadas.

Su papá adoptivo -que ya falleció- “no quería contarme nada hasta que, finalmente y bajo presiones, me dijo que no era su hija biológica”. Se enteró que primero vivían en Ushuaia y que, tras perder un bebé, viajaron a Santa Cruz “donde vivían mis abuelos adoptivos, que tenían la administración del Club Río Gallegos”, explicó.

“Mi abuelo se llamaba Antonio López Pérez, ahí vivían mis padres adoptivos, al lado de este club había una peluquería donde se atendían todos ellos, que se llamaba Marión y la atendía Margarita Fernández. Ahí vivía un sobrino de ellos, estudiante de medicina, y tenían una empleada que quedó embarazada”, continuó.

Mónica (derecha) junto a su madre y una de sus hermanas (Foto La Opinión Austral)
Mónica (derecha) junto a su madre y una de sus hermanas (Foto La Opinión Austral)

Relató que hace dos semanas pudo dar con su madre biológica, a quien fue a visitar a Río Grande y pudo conocerla no sólo a ella, sino también a sus hermanas y sobrinas. “Fue sumamente emocionante y estoy muy feliz”.

Dijo que cuando nació, en la peluquería “a mi mamá le dijeron que fallecí. Nunca me vio ni me tuvo en brazos”, asegurando que “la vendieron” y esto pudo corroborarlo con una tía adoptiva quien, hace dos meses, le dijo que ella misma viajó de Buenos Aires a Río Gallegos para “llevar la seña de los $2.800 que pagaron por mi compra”.

“Eso es lo que agrava aún más la situación. Quién me vendió, no lo sé. Sí que la señora Margarita le dijo a mi mamá que había muerto”, agregó Mónica.

Visiblemente emocionada, agregó: “Nunca dejé de pelear gracias a Dios, y hoy puedo sentir el calorcito de mi mamá”. “Era lo único que me faltaba”, dijo.