BUENOS AIRES (ADNSUR) - Familiares y amigos íntimos de Diego Armando Maradona, fallecido este miércoles a los 60 años, le dieron el último adiós al ídolo en el cementerio jardín Bella Vista, ubicado en el partido bonaerense de San Miguel.

Allí, sus restos fueron enterrados junto a los de su padre y su madre, Don Diego y Doña Tota, fallecidos en 2011 y 2015 respectivamente.

Un sacerdote hizo un responso y luego, el último adiós a Diego Maradona. De la ceremonia íntima participaron su exmujer, Claudia Villafañe, sus hijas Dalma, Giannina y Jana. Estuvo Verónica Ojeda junto al hijo que tuvo con el ídolo: Dieguito Fernando. También asistió Guillermo “Guillote” Cóppola, exrepresentante del Diez. Diego Junior, internado en Italia con un cuadro de COVID-19, no pudo viajar.

Todo lo que sucedió después de que se conoció la noticia de su muerte fue tan controversial como su vida. Megaoperativos de seguridad donde quiera que fuera el féretro. Tanto en la morgue de San Fernando, donde se hizo la autopsia; a lo largo del recorrido que trasladó sus restos desde allí hasta la casa velatoria en La Paternal; el trayecto en plena madrugada rumbo a la Casa Rosada, donde se lo despidió en una ceremonia íntima primero y masiva después; y el último viaje, hasta el Jardín de Bella Vista.

Más de mil efectivos de distintas fuerzas de Seguridad custodiaron el momento. La Municipalidad de San Miguel les pidió a los vecinos que colaboraran con la familia del Diez. Sin embargo, hubo incidentes en los alrededores del cementerio.

Miles de personas de todas las edades se apostaron en el camino desde la Casa de Gobierno, en Capital Federal, hasta Bella Vista. Todos aplaudieron, hicieron sonar sus bocinas, lloraron, gritaron, saludaron, se persignaron ante el paso del coche fúnebre. Hubo un pequeño detalle que no pasó desapercibido: quienes guiaban la caravana se confundieron el camino -o decidieron evitar el Camino del Buen Ayre por la cantidad de gente- y esto demoró la llegada del Diez a su descanso final.

Más temprano, el descontrol y el caos le ganaron por momentos a la emoción y el dolor de la despedida. Después del velatorio privado, donde Claudia Villafañe, Dalma, Jana y Gianinna estuvieron rodeadas de los más íntimos de los Maradona, hubo un homenaje público al que todos quisieron asistir. La fila para llegar hasta la Capilla ardiente montada en Casa Rosada fue tan larga que por momentos superó los cuatro kilómetros, desde Plaza de Mayo, por la avenida 9 de Julio hasta Bernardo de Irigoyen y Garay.

El horario estipulado era de 6 a 16 de este jueves. Alrededor de las 14, cuando la familia se negó a extender el plazo y las autoridades decidieron cerrar la cola en la Avenida de Mayo y 9 de Julio, hubo enfrentamientos con la policía, balas de goma, heridos y detenidos. Los incidentes no cesaron hasta que se dio por terminada la ceremonia.

A las 14.27, un grupo de personas empezó a trepar las rejas de la Casa Rosada y tiraron abajo una puerta interna. Allí la situación se desmadró.

Los hinchas comenzaron a ingresar al salón en el que se velaban los restos de Diego Maradona y corrieron la valla que los separaba del féretro. Entonces se desataron los incidentes y hubo gases lacrimógenos y corridas en el salón gubernamental.

Inmediatamente, personal de Seguridad de la Casa Rosada trasladó el féretro al Salón de Pueblos Originarios y puso a resguardo a la familia del Diez.

Otra de las postales de la jornada fue cuando el Patio de las Palmeras, en los jardines internos de la Casa de Gobierno, se llenó de hinchas que aprovecharon para sacarse fotos y mojarse en la fuente que hay en el lugar, mientras le cantaban sus reverencias al ídolo.

El fervor y la tensión dominaron todas las escenas posibles. Y hasta el busto del expresidente Hipólito Yrigoyen exhibido en la Casa Rosada se vio afectado: un grupo de personas que entró repentinamente para despedir a Diego lo tiró al piso y le provocó daños.