VATICANO (ADNSUR) - El Papa Francisco ofició una misa por el Domingo de la Misericordia una semana después de Pascua, instituida por Juan Pablo II en 1992 siguiendo las visiones de la monja y santa polaca sor Faustina Kowalska, quien aseguró que así se lo había pedido Jesucristo, informó el portal Infobae.

La celebración tuvo lugar en este templo a pocos metros de la columnata de la plaza de San Pedro del Vaticano y que nuevamente estuvo prácticamente desierto, sin fieles, por las prohibición de reunir personas debido a la pandemia del coronavirus.

El Pontífice aseguró que en el marco de la batalla contra la pandemia es tiempo para eliminar las desigualdades. “Mientras pensamos en una lenta y ardua recuperación de la pandemia, se insinúa justamente este peligro: olvidar al que se quedó atrás. El riesgo es que nos golpee un virus todavía peor, el del egoísmo indiferente”, advirtió en la Iglesia del Espíritu Santo en Sassia, a las puertas del Vaticano.

Francisco explicó en su homilía que ese "virus" se difunde en la sociedad "al pensar que la vida mejora si me va mejor a mí, que todo irá bien si me va bien a mí". “Se parte de esa idea y se sigue hasta llegar a seleccionar a las personas, descartar a los pobres e inmolar en el altar del progreso al que se queda atrás. Pero esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren”, aseguró.