COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Gustavo Díaz Melogno es un apasionado del mar; de hecho actualmente vive en un catamarán en las costas de España. Fue el Capitán del emblemático “Gandul”, velero creado íntegramente en Comodoro por un grupo de jóvenes que perseguían el sueño de viajar hasta el Puerto de Palos en España. Anhelo que finalmente se cumplió y quedó en la historia de nuestra ciudad. 

En aquel entonces Díaz Melogno decidió poner un cartel en el Clúb Náutico, donde era instructor de Vela. La invitación era abierta y gratuita para todo aquel que quisiera sumarse. A cambio se ofrecía ser parte de viaje inolvidable y lleno de aventura por más de seis meses. “Yo me quiero hacer este barco, si quieren me ayudan a construirlo o lo hacemos juntos y nos vamos a este viaje; un año de viaje si todo sale bien. A la vuelta ya el barco ya es el mío porque vendí el barco que tenía para comprar los materiales que era mi proyecto original. El que quería se anotaba; ahora qué hacíamos en relación a cómo hacíamos el viaje, quienes venían en qué tramo, todo eso lo teníamos que decidir entre todos. Y este delirio, porque no teníamos ni dinero, ni trabajo, nada, se transformó en un proyecto muy grande. Fue un proceso tremendamente enriquecedor en lo humano, yo era el mayor y tenía 32 años y el grupo tenía entre 14 y 32, todo fue un aprendizaje” recuerda el Capitán Gustavo Díaz Melogno en diálogo con Expedientes Comodoro desde su actual barco.

 

Un proyecto, cientos de aprendizajes

Díaz Melogno mira a la distancia la epopeya de cruzar el atlántico con un barco artesanal “fue un momento bisagra en la vida de todos nosotros, para el núcleo duro del grupo fue un cambio vital muy potente, les ha permitido mirarse y mirar al futuro completamente con otros ojos porque te da la sensación de que realmente podés hacer las cosas; esta convicción de luchar por lo que querés, por lo que te gusta, de ir para adelante y poniéndote tus metas. Yo no sé lo que pudo haber significado para Comodoro pero sí que creo que para una comunidad puede ser importante porque un evento de este tipo te afianza, te hace sentir un vínculo comunitario”.

La tripulación estaba formada por: su capitán Gustavo Díaz Melogno, su esposa Ofelia García de Díaz, sus hijos Ignacio Díaz y Facundo Díaz, Felipe García Tommasi, Rodrigo Barrera, Graciela Escudero, Víctor Correia, Javier Gil, Guilllermo Villa, Conrado Nürnberg, Analía Pinelli, Federico García Tommasi, Adrián Callejón, Ignacio Maricich, Jorge Quintana, y Nicolás Bahl.

El velero tenía 10,50 metros de eslora, una manga de 6,50 metros y un calado de un metro. El motor tenía una fuerza de borda de 35 HP.

Una despedida inesperada

Capitán y tripulantes nunca imaginaron la repercusión que tendría esta aventura, el día de la botadura de “el Gandul” al mar, la ciudad los despedía.  "Cuando voy caminando por la calle gente que yo no conocía me abraza, me tocan y me dicen mucha suerte, me ponían dinero en el bolsillo".

 

"Cuando fueron las 15hs que ya teníamos el barco ahí, aquello era imposible llegar de la playa hasta el palco que eran 30, 40 metros, no podías andar y veíamos para arriba el Cerro Chenque, coches toda la carretera, ¡una locura! La ruta 3 casi cortada. Fue con la emoción a flor de piel, no creo que haya una palabra que lo puede describir mejor estábamos completamente superados  por la emoción. Nosotros no éramos estrellas de rock no entendíamos nada de lo que pasaba, nos tenía completamente sorprendidos. Nos acompañaban muchos barcos, lanchitas, hasta que nos fuimos perdiendo en el horizonte y la sensación a bordo… era increíble. Estábamos todos mudos, íbamos navegando cada uno con su cabeza rememorando esa despedida increíble, monumental. No nos la vamos a poder olvidar en la vida”, recuerda emocionado el capitán. 

Fueron 6 meses  de viaje y en cada tramo era necesario reparar y ajustar el barco para continuar navegando. “El barco se nos despedazaba en cada tramo, hasta que llegamos al norte de Brasil, incluso hasta el Caribe cada parada era arreglar, éramos un equipo de salvataje reparando cosas, teníamos un grado de compenetración entre nosotros y con el barco muy muy potente. Y se fue forjando en mil batallitas de cada día con las dificultades del día a día, con las falencias, falta de presupuesto, el invento, había que inventar soluciones todo el tiempo y esas cosas quieras que no te van uniendo, te van haciendo más fuerte”.

El destino del Gandul

El 24 de abril de 1993 El Gandul retornó al puerto de Comodoro y la bienvenida fue tan emotiva como la partida. Durante muchos años el barco estuvo dedicado a realizar cruceros y viajes turísticos. Pero su capitán, seguía teniendo en mente el sueño de dar la vuelta al mundo. El catamarán fue restaurado, reparado y en 2015 zarpó hacia El Caribe, esa sería su última travesía.

 

El Gandul era un barco que necesitaba mantenimiento permanente entre el 2007 y el 2010. “Con Vego, mi esposa recuperamos el proyecto de la vuelta al mundo y lo imaginamos en medio de un proyecto que se podía financiar con trabajo de turismo en el camino. Entonces lo íbamos a manejar de esa manera. Fuimos hasta el Caribe, hicimos una primera experiencia y en esa vuelta desde el Caribe para acá nos pilló un temporal tan bestia que se nos partió el timón, el barco quedó sin defensa y por las condiciones que se venían -a vida o muerte - intentamos gobernar sin timón pero no fue posible y decidimos pedir ayuda. El barco que vino a ayudarnos era un porta contenedores enorme, al acercarse para ayudarnos nos terminó hundiendo. Su capitán y tripulación fue rescatada y estuvieron a salvo, pero el Gandul quedó despedazado “pero en el océano, que dentro de lo q cabe es para un barco una muerte bastante digna”, dice.