COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) -  “Anoche me emocioné mal. A las 12 escuché el Himno y la Marcha de Malvinas en distintos medios y los vecinos estaban todos aplaudiendo. Yo tengo una bandera afuera de mi casa y me emocioné porque nunca lo había vivido de esa manera”. Las palabras pertenecen a Arilo Ibarrola, uno de los veteranos de Guerra que tiene Comodoro Rivadavia.

Muchos lo pueden haber visto en las instalaciones del Club Huergo, donde trabaja desde hace 38 años, pero también en el spot que realizó la Municipalidad de Comodoro Rivadavia para homenajear este 2 de abril a los caídos en Malvinas y a quienes volvieron para contarlo.

Al otro lado del teléfono, a Aliro se lo escucha emocionado, entre el orgullo y la tristeza, y reconoce que no es un día más. “Estoy orgulloso y triste a la vez porque el abrazo de los compañeros en la Guardia de las Estrellas y la emoción piel a piel se extraño, pero es lo que estamos viviendo”, confesó. 

Aprovechando las nuevas tecnologías, el veterano se mantuvo en contacto con otro camaradas, como por ejemplo Lorenzo Navarrete de La Plata, con quien se volvió a reencontrar en Comodoro Rivadavia luego de 24 años de la guerra junto a otros dos camaradas con los compartió el mismo pozo de zorro: José Guaiquil y Jorge Raín.

Aliro junto a Lorenzo, Jorge y José en Islas Malvinas.
Aliro junto a Lorenzo, Jorge y José en Islas Malvinas.

Es que la historia de Aliro, quien estuvo abocado a las tareas de rancho, tiene tintes de película. Él nació en Comodoro Rivadavia pero de chico se fue a vivir a Chile con sus padres. En tierras trasandinas estudió, pero cuando cumplió 18 años sintió que era el momento de regresar y hacer el servicio militar obligatorio. 

Aliro regresó en julio del 81. Ya era tarde para sumarse a esa camada. Sin embargo, le dijeron que debía hacerlo el año próximo para no ser considerado desertor. Así se presentó en febrero del 82, y menos de dos meses después llegó a Malvinas con el Batallón Logístico 9 de Comodoro Rivadavia.

En las islas la vida no fue fácil para Aliro y compañía. Sufrieron el frío, el miedo y el ataque del enemigo en un pequeño pozo de zorro. Quizás por eso no entiende como hoy, en tiempos de cuarentena, a la gente le cuesta tanto respetar el aislamiento.

“Es algo que hablamos entre casa, pero en el año 82 estuvimos 74 días, hasta que caímos prisioneros, en una trinchera, un pozo de zorro, sin luz, gas, agua, televisión, sin saber cuando te vas a duchar o comer algo caliente”.

“Nada de eso teníamos en esa época; cero contacto con la población, cero noticias, mojados, siempre con frío, con miedo y llegábamos a soñar con llegar a la casa. Pasamos 74 días sin bañarnos, por ejemplo, y ahora está en riesgo la familia, por algo distinto, que no se ve, así que tenemos que cuidarnos”, indicó, transmitiendo la crudeza de lo que significa la guerra.

Aliro sabe que son cosas distintas, pero reconoce que vivir el extremo ayuda a valorar otras cosas.

El emotivo reconocimiento de los vecinos a un veterano de guerra de Comodoro

Por estos días, en su casa, él se encarga de salir a comprar cuando es necesario. Y en su mente ya piensa en el regreso al Club Huergo, donde comenzó a trabajar hace 38 años cuando le dieron la baja del Ejército. 

Es que, como dice, para un veterano se hace difícil el aislamiento. “No hay un día que yo no piense en Malvinas, es parte de mi vida desde que me levanto hasta que me acuesto. Hoy por ejemplo, pasó una camioneta tocando el Himno y se te caen las lagrimas. Nosotros pasamos situaciones extremas a esa edad, y no hay un día que uno no se acuerde”, sentenció, esperando que pronto termine la cuarentena y se pueda reencontrar con esos compañeros que compartió la vida en 1982.