RAWSON -José Muñoz tuvo que entregar su casco tras la rendición. Un argentino que vive en Cambridge lo compró en una tienda de antigüedades. Y ubicó a quien fue su dueño durante la guerra. Este sábado se lo entregó. (Foto Fuente: Clarín)

Anoche en Sarmiento, 34 años después de que se iniciara el conflicto bélico donde quedó prisionero de los ingleses, el veterano de Guerra José Muñoz (der.) recibió el casco de manos de un argentino residente en Gran Bretaña que lo compró en una subasta. “Cuando se trata de Malvinas, siempre hay una lágrima porque te quebrás, pero ahora estoy emocionado, ansioso, no sé si abrazar a Matías (el coleccionista) o al casco que hace 34 años no veo”, le dijo ayer a Crónica.

Con la emoción de los momentos previos al reencuentro con el casco que lo protegió hasta el 14 de junio de 1982, cuando fue tomado prisionero en el marco de la rendición argentina, José comentó lo que simboliza ese elemento.

La historia, que se hiciera conocida el año anterior, tiene como protagonista a Matías, un coleccionista argentino residente en Cambridge que compró ese casco y decidió que mejor que mantenerlo en sus vitrinas sería regresarlo al soldado cuyo nombre permanecía en el objeto histórico.

Así comenzó una búsqueda que lo llevó a Sarmiento, donde nació y reside este soldado que en 1982 era conscripto del Regimiento de Infantería 25, con asiento en esa ciudad.

“No tenía ni una foto”

Muñoz confiesa que estas últimas horas, le costó dormir, que se despertaba a cada rato, y que los últimos meses fueron un torbellino de emociones que comenzó en agosto, cuando entró en contacto con Matías.

“Vengo de emoción en emoción”, confesó ante Crónica, a horas de recibir el casco histórico. “Cuando se trata de Malvinas, siempre hay una lágrima porque te quebrás, pero ahora estoy emocionado, ansioso, no sé si abrazar a Matías o al casco que hace 34 años no veo”, dijo.

Por eso, esperaba ese momento “con una mezcla de un montón de cosas, porque aunque no soy religioso, creo mucho en Dios y le pedí que me dé fuerza y esté conmigo”.

No es para menos, porque para muchos será un casco, o un objeto más, pero para José Muñoz es mucho más: “es difícil de explicar porque es un elemento que en ese momento te resguardaba en una guerra, que fue muy complicada”, comentó. Pero a la vez, reencontrarse con ese símbolo de aquel 1982 que lleva tatuado en el alma “es una alegría enorme porque no tengo nada de Malvinas, ni una foto, así que este casco es algo que cierra toda esa parte de mi vida de decir que estuve pero no tengo nada de allí”.

En 1982, cuando regresó a su Sarmiento natal, apenas se llevó una medalla de honor, que sus compañeros suelen colgar cada 2 de abril. Pero en su caso, “cuando volví, se quemó mi casa y se perdió todo, incluso esa medalla chiquita que me habían dado en reconocimiento en Nación”, comentó.

Por eso, cada vez que le preguntaban, decía “soy veterano de guerra porque figuro en los libros, ahí sí estoy, pero no tenía nada”.

“Estoy muy orgulloso”

A pesar de haber sido uno de los promotores del centro de veteranos de guerra de Sarmiento, Muñoz cultiva un bajo perfil del que está orgulloso. Tal vez ese sea el motivo de la sorpresa por la repercusión que tuvo la entrega del casco desde el momento mismo en que se contactó con su comprador.

En lo personal, rescató todas las emociones vividas: “cuando apareció, la historia del casco hizo retrotraer toda mi vida. Yo vengo de una familia muy pobre, he tenido que hacer de todo para sobrevivir, hasta ir a buscar al basural para poder comer, así que estoy muy orgulloso de haber tenido esa posibilidad de defender a nuestra Patria”, relató.

A partir de entonces, “me permitió ser parte de la historia de una país, algo que desde donde yo vengo era muy difícil. Tengo el orgullo más grande porque los Presidentes terminan su mandato y la gente se olvida, pero esto va a vivir por muchos años”.

“Si no volvía, mi hija no me hubiese conocido”

Su gran familia también tiene mucho que ver con Malvinas. De hecho, comentó que su hija mayor, de 34 años, era un bebé con quien apenas había compartido unos momentos antes de ir a la guerra: “cuando me fui a Malvinas, había nacido mi hija. En realidad, nació el día de mi cumpleaños que es el 23 de febrero, pero ahí ya estaba incorporado así que fueron horas que la tuve en brazos, nada más”, recordó.

Allá, en medio de ruidos de disparos y de aviones, su existencia fue motor y motivo principal para volver. “Si no volvía, mi hija no me hubiese conocido nunca”, reflexionó.

Pero, más allá de las penurias, del frío y de haber sido tomado prisionero, regresó y le pudo dar todos esos abrazos adeudados.

La vida fue fructífera con él y hoy tiene nueve hijos, el menor de ellos, de 4 años. Junto a esa familia, que lo apuntaló luego de la guerra, esperó para poder cerrar el círculo con la llegada del casco.

“Me encantaría ver el pueblo embanderado”

“Me encantaría ver en Sarmiento, el 2 de Abril, colmado el Monumento donde se hace el acto y el pueblo embanderado completo porque lamentablemente los argentinos hemos ido perdiendo el patriotismo”, expresó Muñoz.

El veterano de guerra agregó que “en otros lugares hay banderas por todos lados, aunque no sea una fiesta patria y en Argentina no tenemos ese sentimiento”.

Propuso entonces que “aprendamos a defender lo que tenemos, si no, siempre estamos perdiendo todo porque no sabemos cuidarlo”.

Muñoz opinó entonces que aquí “tenemos la bandera más hermosa del mundo y el país más rico del mundo y no sabemos valorarlo”.

Desde su lugar, pregona esos valores en el centro de veteranos de guerra donde es vocal, pero sobre todo, miembro fundador. Allí “junto a otros compañeros tratamos de mantener una llamita encendida para que no se apague nunca”, comentó.

Entre esas acciones, destacó el Festival “Sarmiento canta por Malvinas”, que “se viene haciendo desde hace 4 años con mucha repercusión”. Tal vez no sea “todavía- como lo sueña Muñoz, pero ése es un modo de recordar, de reconocer y de mantener esa llama encendida cada año, cerca del Regimiento 25, que tan destacada participación tuvo en la guerra del Atlántico Sur.

“Mi compromiso es dejar el casco en la futura sala histórica del Centro de Veteranos”

Respecto al destino del casco, Muñoz comentó que “por ahora, lo voy a tener en mi poder, pero después ojalá no pase mucho tiempo, porque nuestra sede va a tener una sala histórica tipo museo y mi compromiso es dejarlo en ese lugar”.

De todas maneras, expresó que su deseo más grande era tener algo concreto de aquel 1982 que lo marcó a fuego: “nunca me quise sacar fotos y hoy estoy arrepentido, hay gente que puede tener indumentaria o algo pero yo no tenía nada. Si hubiese sabido que iba a tener tanto valor, me hubiese quedado con algo, con ropa, pero al ser tan joven, uno no toma esa conciencia”, agregó.

Por eso, por un tiempo será un recuerdo a compartir con esposa, sus nueve hijos, tías, hermanos, “tengo una gran familia, numerosa, más mis amigos y gente de Sarmiento que me conoce de toda la vida y me vio crecer” agregó. Fuente: Crónica