COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Una publicación de Instagram, de una talentosa compañía de Buenos Aires, fue la invitación perfecta para participar de un campeonato nacional de bombo en plena pandemia, sin imaginar que podían ganarlo. 

Carlos Monllor (33) y Daniel Millalonco (26) aún no pueden creer que se consagraron campeones de la competencia que organizó Golden Gauchos. Es que se enfrentaron a bailarines de primer nivel, de grandes compañías, y con sus bombos y su talento como armas terminaron quedándose con el primer premio: 25 mil pesos que vienen bien en tiempo de vacas flacas, y una gran experiencia que los invita a seguir soñando, algo que reconocen.

 

 

Carlos y Daniel este miércoles conversaron con un equipo de ADNSUR en la sala de ensayos que El Camaruco tiene sobre la calle Maipú, y contaron cómo fue que surgió la posibilidad de presentarse en el certamen. 

“La posibilidad de competir surgió a finales de marzo”, dice Carlos. “Yo vi que Golden Gauchos publicó este certamen virtual y le mande un mensaje a Dani para ver si nos presentábamos. Quedaba solo un día para presentarse y me dijo sí. Así que empezamos hacer un video, lo mandamos y quedamos”.

En total 30 parejas se presentaron a la competencia y un jurado, integrado por cinco personas, eligió 16 para competir en los cruces; una especie de playoff que los llevó hasta la final. 

En cada etapa los chicos tenían que presentar un video de 30 segundos, filmado en una sola toma y sin edición. 

Sabiendo que eran los únicos de la Patagonia eligieron filmarlos en diferentes escenarios de Comodoro. Así, en sus presentaciones, el jurado pudo ver la aridez de las playas sureñas camino a Caleta Olivia, el paisaje de la ciudad desde la punta del cerro Chenque, o la inmensidad del mar desde el puerto; todo combinado con una mudanza, contó Daniel.

“Presentamos mudanza de un malambo que teníamos, pero la fuimos deformando acorde a los 30 segundos, porque la mayoría duraban más de 2 minutos. Entonces fuimos cortando, pegando y cambiando, y en la última hicimos una fusión de todas las que presentamos”.

El martes por la noche se conocieron los resultados finales de la competencia. Carlos y Daniel se quedaron con el primer puesto, algo valioso para ellos. “Todavía no caemos que ganamos, pero más allá del premio nos pone contentos porque pudimos conocer a gente que es muy reconocida en el país. Había gente de compañías como Malevo, gente que estuvo bailando en Stravaganza con Flavio Mendoza, y para nosotros estar compitiendo con ellos es algo re importante”, reconoce Carlos.

Mientras habla, Daniel escucha y asiente. Es que coincide con su compañero, y con seguridad afirma: “Lo mejor fue la experiencia. Fue muy loco, porque fue a nivel país. Un día estabas con uno de Temperley, Buenos Aires, después otro de Tucumán y otro de Neuquén. Era como que estábamos con todos”.

 

 

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UNA PASIÓN QUE VIENE DE CHICO

Carlos y Daniel bailan desde los 5 años y se conocen hace 20 años. La primera vez que se vieron fue cuando Carlos viajó a Río Mayo para bailar con el ballet mayor en la Fiesta de la Esquila de Río Mayo, donde Daniel también se presentaba. 

La vida los volvió a encontrar en Comodoro Rivadavia. Cuando Daniel terminó sus estudios secundarios se vino a estudiar a la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, y continuó bailando en El Camaruco, el centro de estudios que lo cobija desde chico, gracias a las clases de los profesores viajeros, entre ellos Hugo, el fundador de la academia. 

Entre escenario, malambo, y bombos fueron afianzando su amistad. Por esa razón, cuando llegó la oportunidad de participar en este certamen Carlos pensó en Daniel, con quien ha compartido diversos escenarios; desde el Atahualpa Yupanqui en Cosquín hasta giras por Francia, Rusia, Ucrania y España. 

 

 

 

 

Cuenta Daniel que previo a la pandemia se estaban preparando para una nueva gira. Iba a comenzar el 10 de abril. "Malambeando" se iba a presentar durante un mes entero en Chile, iniciando en Punta Arenas y recorriendo el vecino país de punta a punta. Sin embargo, la cuarentena paró todo y como muchos artistas tuvieron que reinventarse.

En los últimos meses, con la flexibilización, los chicos pudieron volver a los escenarios con presentaciones virtuales, e incluso el último mes se presentaron en el Sotano Pub, en un espectáculo que combinó música en vivo, malambo y bombos, tanto de hombres como mujeres. Así pudieron continuar con esta pasión que es una forma de vida, tal admite Daniel. “El folclore para nosotros es todo. En mi caso es una forma de tener una disciplina. Me educó un montón, no es solamente bailar, tiene compañerismo, valores, cosas que traspasan lo artístico. Es como una familia completa, un cable a tierra que muchas veces te saca de las cosas exteriores de la vida”, dice con emoción.

Ahora, el que es escucha es Carlos, que piensa mientras su compañero habla. Asienta cada palabra como si fuera propia y asegura que el folclore, los acompaña en el día a día. “A nosotros nos acompaña muchísimo, compartimos más tiempo acá, con nuestros amigos de la danza, que con nuestras propias familias, porque estamos más tiempo ensayando, viniendo a dar clases, y tenemos la posibilidad de que la familia nos acompañe constantemente. Por eso también estamos contentos, porque podemos seguir creciendo con esto que nos apasiona y que enseñamos a otras personas”, sentenció, orgulloso de este presente que les toca vivir.