COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Los preparativos para la segunda ola de Covid 19 en Comodoro Rivadavia tienen la mínima ventaja de haber conocido la experiencia durante todo el año pasado, pero no hay certezas de en qué medida eso podría atenuar los efectos. Es que con la llegada al país de las nuevas cepas, que resultan más contagiosas que la primera y que ponen a prueba la capacidad de inmunización de las vacunas, se plantea un escenario casi nuevo. En teoría, el sistema sanitario estaría más preparado que al inicio de la pandemia. Sin embargo, a la crisis que persiste en el sector público se agrega el conflicto en el ámbito privado, que puede restar gran parte de la infraestructura de atención con la que se contó el año pasado.  

“La primera ola nos dio tiempo a prepararnos y fortalecer el sistema sanitario, por lo que no creo que haya que adoptar medidas tan restrictivas como el año pasado –dijo el ministro Fabián Puratich respecto de los preparativos para la nueva etapa-. En Comodoro, la capacidad del hospital Alvear en terapia intensiva se ha duplicado y hoy cuenta con 14 camas; y en el hospital Regional también se ha ampliado, con la adaptación de la terapia intermedia y de la terapia infantil, por lo que hoy se cuenta con 17 camas, que es el doble que había antes de la pandemia”.

El funcionario provincial aludió también a otra ventaja de la urbe petrolera, al mencionar que “tiene un sistema privado de salud muy fuerte, en el que se suman más camas de terapia”. Sin embargo, a juzgar por los banners que muestran las clínicas de la ciudad, al igual que 90 establecimientos de todo el país, el ámbito privado no está tan fuerte como asegura el ministro. A las 31 camas de terapia del sector público, podrían no sumarse las alrededor de 50 unidades que disponen las dos clínicas privadas de la ciudad.

“La salud en peligro…”

Así lo advierte el mensaje que presentan las clínicas nucleadas en “Salud Federal”, una asociación de sanatorios del interior del país, que desde el año pasado han planteado una serie de reclamos hacia sus financiadores, es decir empresas de medicina prepagas y obras sociales.

 

La situación derivó en un conflicto aún no resuelto, que derivó en un paro del personal de la sanidad en reclamo de un incremento salarial del 16 por ciento para completar la paritaria del año 2020, pero a la que los prestadores privados han respondido que no podrán afrontar. Por ahora, el conflicto están en conciliación obligatoria, pero podría resurgir en las próximas semanas, si es que no cambia la situación de fondo, es decir el reconocimiento de mayores costos que las clínicas reclaman a sus contratantes.

“Desde que arrancó la pandemia, debimos afrontar:  transformación edicilia y de circulación/aislamiento , de los sanatorios en áreas Covid/no Covid; la merma de pacientes No Covid (por ASPO y DIPOS); el incrmeneto de costos por insumkos COVID 19”, describe la comunicación abierta a quienes ingresan a estos ámbitos. Y añade: “Períodos prolongados sin poder brindar nuestros servicios por protocolos sanitarios (cirugía, prácticas, internaciones programadas, kinesiología, etc)”.

En definitiva, tras reconocer la justicia del reclamo por mejoras salariales, aseguran que no podrán responder en forma satisfactoria. El reconocimiento de sólo un 13 por ciento de mayores costos por parte de las empresas de medicina prepaga, frente a un incremento salarial del 22 por ciento en la primera parte del año pasado, además del contexto inflacionario y la suba de medicamentos de COVID que crecieron incluso por encima de la inflación (en algunos remedios, hasta un 1.000 por ciento, según informó esta agencia) llevan a plantear el interrogante de si los privados estarán dispuestos a participar en la emergencia que viene.

“La realidad es que no podemos, si persiste la actitud de algunas prepagas, que no han dejado de ganar plata en plena crisis –se expresó desde el sector-; por más que el paciente tenga la mejor cobertura, con el plan más caro y su cuota al día, si no reconocen los mayores costos de la atención, no vamos a estar en condiciones, salvo que el Estado nos obligue bajo advertencia de cerrarnos los establecimientos”.

El último párrafo de la comunicación es especialmente claro en relación a lo que podría esperarse durante la nueva crisis del coronavirus: “Este contexto dificulta cumplir el reclamo de nuestros colaboradores y complica la posibilidad de seguir prestando un servicio acorde a las necesidades de la población y las exigencias impuestas por la pandemia”.

El sector público no está mejor

En el ámbito público los problemas continúan, a punto tal que el próximo miércoles habrá un paro por 72 horas convocado por el Sindicato de Salud Provincial (SISAP). El reclamo, que incluye a todos los gremios, se vincula a la deuda salarial que el gobierno mantiene con el sector, no sólo con el retraso de una masa salarial, sino por el cumplimiento de la paritaria 2019: para pagar esos aumentos comprometidos por el gobierno de Mariano Arcioni en aquel momento, el Estado provincial necesita alrededor de 1.000 millones de pesos adicionales. A esto se suma el reclamo por la reapertura de paritarias para discutir un incremento salarial acorde a la inflación del último año y medio, lo que proyecta un camino de conflicto intenso.

 

En ese contexto, días atrás se conoció el reclamo de los anestesistas, que exigen la puesta al día del pago del plus adicional de 390.000 pesos mensuales que reciben por sobre sus salarios, ya que la Legislatura no dio tratamiento a la prórroga de una norma que respalda ese beneficio que alcanza a los profesionales de esa especialidad en todo el país. Si bien levantaron el paro anunciado a inicios de la semana, la medida podría resurgir a partir de que todavía se les adeudan los montos correspondientes a febrero y a marzo.

Muchos en el sector sanitario se quejan por lo bajo, desde autoridades hasta colegas cirujanos y de otras especialidades, pero nadie sabe explicar muy bien –y hasta temen cuestionarlo en voz alta- a causa de qué surgió dicho privilegio sectorial.

Ganarle a un virus que viene recargado

Por lo demás, la carrera contra el virus y sus nuevas variantes mostró algunos avances en la última semana, aunque todavía insuficientes para garantizar una defensa acorde a la gravedad del ataque.

La provincia logró vacunar algo más de la tercera parte de su población objetivo, compuesta por 150.000 personas, entre mayores de 70 años, personal de salud, de educación y menores de 60 con factores de riesgo. Y en Comodoro se apunta a concluir con la aplicación de la primera dosis de Sputnik V a la totalidad de la población mayor de 70, tras la definición adoptada a nivel nacional de que la segunda dosis será suministrada en un plazo de 90 días.

En la medida que sigan llegando nuevos envíos, cualquiera sea la variante de la inmunización, se podrán ganar algunas semanas más para demorar la llegada de la peor parte.

Como bien advierten los especialistas, ya está claro que haber cursado la enfermedad o contar con la aplicación de la vacuna no garantiza la inmunidad absoluta. Se apunta, sí, a evitar que el contagio derive en cuadros graves, con asistencia respiratoria mecánica en los limitados ámbitos de las terapias intensivas.

Las mutaciones del virus circulan por ahora la provincia de Buenos Aires, en CABA y en Córdoba. Al igual que ocurrió el año pasado con el primer virus, no sería extraño que a esta región lleguen esas variantes con algún tiempo de retraso. Conviene extremar las medidas de prevención, que fueron relajadas en el último tiempo, a partir de una sensación de “veranito” que trajo un necesario alivio para prepararse para lo que viene.

Las mutaciones y su resultado frente a las vacunas

Los ámbitos científicos así lo advierten: “Las variantes 501Y.V1 (Reino Unido), 501Y.V2 (Sudáfrica) y 501Y.V3 (Manaos, Brasil) han sido recientemente asociadas a una mayor tasa de transmisión o a un drástico aumento de su prevalencia en corto tiempo  -advierte el último reporte del Proyecto Argentino Interinstitucional de Genómica de SARS-COV2 (PAIS)-.  Hasta el momento, sólo para la variante 501Y.V1 (Reino Unido) se observó una asociación con mayor riesgo de hospitalizaciones y muerte”.

 

Y añade un anticipo, levemente negativo, en relación a la eficacia de las vacunas frente a estas variantes: “Asimismo, existe evidencia de que algunas variantes y mutaciones podrían estar asociadas con escape inmunológico y a una reducción en la eficacia de algunas vacunas”. En concreto, señala que la variante de Reino Unido “mostró reducciones leves o no significativas en la capacidad de neutralización de sueros de individuos convalecientes de la primera ola o de sueros de individuos inoculados con las vacunas BNT162b2 (Pfizer/BioNTech), mRNA-1273 (Moderna) y ChAdOx1 nCoV-19 (AstraZeneca)”. Las disminuciones de eficacia se registraron en el orden del 10 por ciento.

Para la Manaos, de Brasil, “se observó una neutralización disminuida con sueros de convalecientes de la primera ola y de vacunados con las vacunas Pfizer/BioNTech, Moderna, AstraZeneca y CoronaVac-Sinovac”.

El último párrafo del informe es especialmente alentador: “Según los datos disponibles hasta el momento, es importante destacar que todas las vacunas son eficaces frente a las hospitalizaciones y muertes causadas por el SARS-CoV-2, tanto frente a los linajes que han circulado desde los inicios de la pandemia como a las variantes de preocupación, de más reciente aparición”.

Conviene no confiarse. Mientras se espera la aplicación de la vacuna, es bueno volver a los hábitos de cuidado y distanciamiento que cada uno puede aplicar en su ámbito privado y laboral. Tras el in de semana largo de estas Pascuas, las autoridades locales evaluarán qué tipo de medida adoptar para reforzar la prevención.

Después de todo, tal como se decía al inicio de la pandemia, el mundo ha cambiado con el virus. Al parecer, el cambio será permanente. Y Comodoro no tendría por qué ser la excepción.