COMODORO RIVADAVIA (Por Geambiente / Especial para ADNSUR) - Comodoro Rivadavia tiene un frente costero de 36 kilómetros con diferentes accidentes geográficos: acantilados, playas de grava, playas de arena, entre otros. Toda la costa comodorense junto a su imponente mar azul, es un atractivo turístico sin igual para quienes visitan la ciudad. La amplitud de mareas y la restinga, con afloramientos rocosos  dos veces al día son inundadas por el mar y luego descubiertas para poder visualizar la fauna y flora marina. Es frecuente ver una gran cantidad de aves,  donde las bandadas de gaviotas acompañan este paisaje. Si bien esta ave, muy atractiva, se desarrolla en la mayoría de las costas del mundo, es considerada un indicador de contaminación.

Toda esta belleza natural y patagónica está siendo impactada gradualmente por el hombre. Desde que se fundó la ciudad y día tras día, junto el crecimiento demográfico, la situación empeora, colaborando con esto la falta de conciencia ambiental.

En la actualidad, la totalidad de los efluentes cloacales de la ciudad y sus barrios adyacentes son vertidos directa o indirectamente al mar, sin tratamiento previo alguno.

Los vertidos de líquidos cloacales sin tratamiento han deteriorado la costa, afectando a  las playas de los barrios Stella Maris, ya abandonada, Gral. Mosconi, Pte. Ortiz, Don Bosco y Restinga Alí, representando un riesgo potencial de enfermar para aquellos que las frecuentan a los fines de desarrollar actividades deportivas o recreacionales. Además existen barrios aislados que no descargan directamente en el mar, sino que lo hacen en zanjones naturales de desagüe pluvial, constituyendo también focos de contaminación. Este es el caso de los barrios Astra, Diadema Argentina y Caleta Córdova principalmente.

Por sus características geográficas, urbanísticas y de infraestructura sanitaria, la ciudad de Comodoro Rivadavia se divide en dos grandes cuencas  de descargas: pluviales y cloacales que además reciben escurrimientos superficiales en épocas de lluvia. El cerro Chenque es el eje que divide en la zona sur y la zona norte.  Adicionalmente existen subcuencas menores, las cuales al igual que el resto, terminan en el mar.

Por estos puntos de vuelco, diariamente se descargan en promedio 43.000 m3/día (43.000.000 de litros) de líquidos cloacales e industriales sin tratamiento directo en las zonas de playa o restingas haciéndola inhabitable tanto para la fauna y flora marina como para los usos recreacionales.  Esta es una situación sanitaria de las más graves que tiene la ciudad en materia ambiental que viola todas las normativas locales, nacionales e internacionales, además de nuestros derechos de vivir en un ambiente sano.

Los efluentes descargados se caracterizan  en general por su alta concentración en materia orgánica, elevada demanda de oxígeno, presencia de  microorganismos de origen fecal, alto contenido de nutrientes inorgánicos y con frecuencia, presencia de hidrocarburos, metales pesados y otros contaminantes de origen industrial.

Desde hace años, se ha trabajado en proyectos para resolver esta problemática a nivel local. Es así que en el año 2014 se terminó el plan director de saneamiento realizado por profesionales especializados con financiamiento del CFI (Consejo Federal de Inversiones). Todo el proyecto y la documentación respaldatoria se encuentra en el expediente

971-M-2014 y fue aprobado mediante la resolución municipal 1152/15, el cual se encuentra a la espera de que se gestione su financiamiento y su esperada ejecución. Tal vez esto ha motivado a que estemos siempre de espaldas al mar y mirando hacia otro lugar, distraídos con falsas promesas de obras de escasa relevancia frente a la problemática descripta,  como el estadio del centenario, la ciudad judicial, el camino de circunvalación, la doble trocha Comodoro Caleta, el aeropuerto, planes de asfaltos, paseos costeros, por mencionar algunos de los proyectos para los que históricamente se busca financiamiento para concretarlos.

¿No será el momento de replantearnos qué obras prioritarias necesitamos para mejorar nuestra calidad de vida?

El proyecto técnico para modificar esta realidad está terminado y aprobado.

El ambiente y la salud pública tienen que recobrar protagonismo, deben ser la prioridad absoluta, junto a la educación, para nuestro pueblo.

Nuestros representantes, ciudadanos que emergen de la sociedad que construimos a diario, y nosotros somos los responsables de direccionar nuestro futuro, de tomar el camino correcto, de hacer valer nuestros derechos. No debemos acostumbrarnos a vivir en un ambiente insalubre.

Pensemos en qué escala de valores ponemos a la salud de nuestra familia y así entonces, tal vez,  incluimos esto en nuestra lista de deseos para el 2017.

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