Esta semana entró en vigor en Francia el discutido pasaporte sanitario para ingresar a bares, restaurantes, cines, teatros, hospitales y trenes, autobuses o aviones de larga distancia. Este pase que impone restricciones y genera polémicas podría marcar el paso de la "nueva normalidad" para dejar de lado las cuarentenas y comienza a convivir con el covid-19.

El pase sanitario consiste en un código QR que certifica que el portador ya ha sido vacunado con la pauta completa del inoculante correspondiente, que ha dado positivo de covid-19 al menos hace once días y como máximo hace seis meses o que posee un test negativo de menos de 72 horas.

La medida, anunciada hace ya semanas, fue resistida por una parte de la población que llenó las calles de distintos puntos de Francia bajo la convicción de que esta disposición establece una "dictadura sanitaria".

Sin embargo, el Consejo Constitucional francés -el organismo que se ocupa de cuidar que toda ley se encuentre acorde a la Constitución y que se respeten los derechos fundamentales- confirmó como válido el uso de este pasaporte sanitario con el fin de cuidar la expansión de la pandemia en el país que podría llevar a nuevas restricciones a la movilidad.

Según el Consejo Constitucional, la medida resulta una "conciliación equilibrada" entre las libertades públicas y la protección de la saludya que, aunque permite la circulación de los individuos, lo hace bajo estándares que buscan evitar un deterioro de la situación sanitaria francesa.

La primera semana de uso del código QR servirá como período de tolerancia con el fin de que las personas encargadas de efectuar los controles a la entrada de los establecimientos se vayan acostumbrando a la herramienta.

Francia no es ajeno a la expansión de la variante Delta del Covid-19 -un 90% más contagiosa que la cepa original surgida en China- y ya existe circulación comunitaria de esta en el país galo: alrededor del 20% de los nuevos casos son de la cepa Delta y el ministro de Salud francés, Olivier Véran, ya concedió que se espera que sea la dominante en toda la nación pronto.

Según datos oficiales del gobierno francés, la ocupación de las camas de terapia intensiva creció un 37,3% en tan solo una semana pasando de 1099 internados a 1510 el sábado pasado. Esto refleja como, en una nación en la que el 66,2% recibió al menos una dosis de las vacunas y un 55,1% ambas, la cepa Delta golpea particularmente a quienes no se han protegido contra el Covid-19, un porcentaje relativamente alto en Francia, una nación que tiene vacunas disponibles.

Aunque unos 237.000 franceses -17.000 de ellos parisinos- salieron a las calles a protestar por la medida, la cual consideran una "obligatoriedad de vacunarse disfrazada", más de 6,8 millones de individuos pidieron turno para vacunarse por primera vez desde el anuncio del pase sanitario de Macron, dado el 12 de julio.

Fuente: Ámbito