"Es como las brasas en el pozo de una parrilla", ejemplificó Neil Hyatt, químico de la Universidad de Sheffield, sobre lo que sucede en la planta de Chernobyl en Ucrania. Es que a 35 años del mayor desastre nuclear en el mundo, las reacciones de fisión están nuevamente ardiendo en masas de combustible de uranio enterradas en lo profundo de una sala del reactor que explotó.

 Los científicos, según la revista Science, se encuentran trabajando para determinar si estás reacciones que comenzaron a registrarse desaparecerán solas o requerirán de intervenciones para evitar otro accidente nuclear.

Sin embargo, el temor está: "no podemos descartar la posibilidad de un accidente", dijo Maxim Saveliev, quien indicó que los recuentos de neutrones han ido aumentando de a poco y que ello, de alguna manera sugiere una amenaza existente, según publica La Nación.

COMO FUNCIONA EL REFUGIO

El espectro de la fisión autosostenida, o criticidad en las ruinas nucleares, ha perseguido durante mucho tiempo a Chernobyl. Cuando parte del núcleo del reactor de la Unidad Cuatro se derritió el 26 de abril de 1986, las barras de combustible de uranio, su revestimiento de circonio, las barras de control de grafito y la arena que se vertieron en el núcleo para tratar de extinguir el fuego se fundieron en lava.

Todo ese material fluyó a las salas del sótano de la sala del reactor y se endureció en formaciones llamadas materiales que contienen combustible (FCM por sus siglas en inglés), que están cargadas con aproximadamente 170 toneladas de uranio irradiado, el 95% del combustible original.

El sarcófago de hormigón y acero llamado Refugio, erigido un año después del accidente para albergar los restos de la Unidad Cuatro, permitió que el agua de lluvia se filtrara. Debido a que el agua ralentiza o modera los neutrones y, por lo tanto, aumenta sus probabilidades de golpear y dividir núcleos de uranio, las lluvias a veces elevaban el conteo de neutrones.