BAHÍA BUSTAMANTE (ADNSUR) - Tras recorrer 154 kilómetros hacia el norte por ruta 3, saliendo desde Comodoro Rivadavia, se llega a un desvío que, con un camino de ripio, desemboca luego de 38 kilómetros en lo que alguna vez fue un pueblo alguero, pero que hace 15 años se reconvirtió en oferta turística de primer nivel.

Luego de 70 años de actividad vinculada al aprovechamiento de algas marinas, para extracción de un aceite requerido en la industria cosmética, Matías Soriano decidió, 15 años atrás, transformar el proyecto familiar iniciado por su abuelo Lorenzo, en 1952. Los resultados reflejan su acierto: desde hace ya tiempo, el lugar está consolidado como una alternativa turística que alcanza estándares internacionales, pero con la simpleza de disfrutar las maravillas que ofrece la naturaleza, en un estado prácticamente puro e inalterado.

“Queremos mostrar que otra vida es posible, más simple”, dijo Soriano en un reportaje elaborado por diario La Nación, que recorrió recientemente el lugar y ponderó las virtudes de este pequeño paraíso patagónico.

Ya en el año 2011, atraído por la biodiversidad y la belleza de sus playas exclusivas, el diario New York Times envió una periodista que recorrió el mar y la estepa, caminó por las playas de arenas blancas y quedó impactada por la biodiversidad del lugar: el prestigioso medio internacional quedó tan impactado con el lugar que lo comparó con la isla Galápagos.

Paisajes únicos en el mundo

Pocos lugares en el mundo presentan la variedad de aves y mamíferos marinos que aquí pueden avistarse, en caminatas por arenas blancas y limpias, que envueltas en el silencio sólo interrumpido por el rugido del mar o las brisas patagónicas, configuran parte de una gama de opciones que tiene como prioridad la tranquilidad y la belleza única de una costa que permanece intocable. Guanacos y choiques observan, mimetizados con la estepa, el paso tranquilo de quienes deciden apostar por esta aventura, en la que el visitante queda subyugado por la majestuosidad de la naturaleza.

Las caminatas se complementan con el aprendizaje, a partir de la guía experta de quienes forman parte del complejo, sobre las distintas especies, sus comportamientos y costumbres. El hábitat de pingüinos, lobos marinos y zorros grises se abre a los ojos curiosos desde una perspectiva en la que es posible integrarse a su mundo, manteniendo el respeto por lugar.

La propuesta tiene en la oferta gastronómica del lugar otro de sus puntos fuertes, ya que el sabor de los platos patagónicos es uno de los atractivos que impactan a los turistas que han llegado hasta el lugar desde distintos puntos del mundo, aunque en el tiempo de pandemia esa posibilidad ha vuelto a reservarse para turistas argentinos. Milanesas de guanaco, canelones de algas cosechadas en el lugar o empanadas de cordero son sólo algunas de las opciones que turistas que han visitado el lugar ponderan especialmente entre sus añoranzas.

Recientemente se ha iniciado un nuevo proyecto, vinculado a la posibilidad de generar otro atractivo con potencial productivo y un rasgo de distinción único: en 2018 se plantó una línea de 200 viñedos junto a la costa, en lo que se prevé que será el primer vino producido a orillas del Atlántico sur.

Cierto es que se trata de una opción donde se prioriza la sustentabilidad del lugar, por lo que las posibilidades de visita están limitadas a las 25 plazas con que cuenta el lugar, a partir de la reconversión de las casas que antiguamente habitaban los productores algueros cuando el “pueblo Soriano” se dedicaba a aquella producción.

El lugar forma parte del Parque Nacional Patagonia Austral y de la Reserva de la Biosfera de la Unesco Patagonia Azul, además de ser un territorio AICA (Área de Conservación de las Aves), por lo que su acceso debe ser previamente reservado a través de circuitos turísticos especializados en este tipo de oferta de alta calificación internacional.