Un nuevo estudio publicado por el Imperial College de Londres afirma que los niños cuyos padres fuman tienen cuatro veces más probabilidades de empezar a fumar.

"Los niños cuyos cuidadores fuman tienen cuatro veces más probabilidades de empezar a fumar ellos mismos. La forma más eficaz de ayudar a prevenir esto sería que los adultos dejen de fumar; claramente, esto no solo tiene enormes beneficios para ellos, sino que también beneficiará a sus hijos tanto ahora como en el futuro", afirmó Nick Hopkinson sobre los resultados de la investigación llevada a cabo por el prestigioso hospital.

Esta información se suma a la recientemente publicada por el NatCen Social Research Institute de la capital inglesa, la cual destaca que los niños de 10 a 15 años eran más propensos a comenzar a consumir tabaco si su madre o su padre habían fumado en el pasado.

La psicóloga infantil británica Bettina Hohnen es otra de las profesionales que apoya esta teoría, al afirmar que la conducta de los padres puede tener un gran impacto en la de sus hijos.

"Incluso si no exponemos directamente a los niños al humo de segunda mano, o creemos que estamos ocultando nuestro hábito de fumar al no fumar directamente frente a ellos, aún puede tener un impacto importante y los niños pueden captar el comportamiento sin que usted se dé cuenta", dijo.

Por su parte Jeanelle de Gruchy, subdirectora médica y líder conjunta de la Oficina de Mejoramiento y Disparidad de la Salud, del NHS, destacó que "fumar es terrible para la salud" del que fuma, pero "también tiene un impacto negativo en las personas que lo rodean".

"Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos y no querrán que se conviertan en fumadores. Al dejar de fumar ahora, los padres pueden ayudar a romper el patrón de tabaquismo en su familia a través de las generaciones, proteger a sus hijos y mejorar su propia salud", cerró.

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