Analizando cinco décadas de datos de foto-identificación de ballenas francas australes de Península Valdés y aplicando modelos de “captura-recaptura”, donde las “capturas y recapturas” son las fotografías de cada ballena, investigadores del Instituto de Conservación de Ballenas, Ocean Alliance y un equipo internacional de colaboradores describieron por primera vez el efecto del cambio climático sobre la supervivencia de las hembras de la especie

Los datos llevan a una conclusión preocupante: la mortalidad de las hembras aumenta luego de eventos de El Niño, y esto puede retrasar o incluso impedir la recuperación de las poblaciones.

Luego de amamantar a su cría durante algunos meses, las ballenas pierden al menos 25% de su volumen corporal. Las hembras reproductoras son vulnerables a la disminución en la abundancia de su principal alimento, el krill Antártico y esto puede llevar a que no puedan recuperarse por completo. Foto: Nicolás Lewin, Instituto de Conservación de Ballenas.

La foto muestra una ballena que, tras alimentar algunos meses a su cría, perdió parte de su volumen corporal.Foto: Nicolás Lewin, Instituto de Conservación de Ballenas.
La foto muestra una ballena que, tras alimentar algunos meses a su cría, perdió parte de su volumen corporal.Foto: Nicolás Lewin, Instituto de Conservación de Ballenas.

Datos destacados del estudio

Se utilizó una base de datos de más de 4,000 individuos conocidos foto identificados en Península Valdés. Para estimar la supervivencia, se recurrió a las historias de vida de 1380 ballenas hembras.

En años neutros o de La Niña, la supervivencia registrada fue de 0.99 lo que representa una tasa de mortalidad anual de la población de 1%. En los años de El Niño fuerte, como los del 1997-98 y 2015-16, se registró una tasa de mortalidad de entre 4% y 5%, es decir a una mortalidad de 4 a 5 veces mayor que las registradas para años neutros o de La Niña.

Considerando los efectos del cambio climático en los últimos 50 años, el análisis de los datos del catálogo indica que la abundancia actual de la población sería de cerca de 5500 individuos.

Con un crecimiento de 6.5% anual, que es el valor del crecimiento poblacional sin considerar los efectos del cambio climático, la población podría alcanzar cerca de los 30.000 individuos en el 2070, valor aproximado de la población antes de la cacería comercial.

Sin embargo, considerando el efecto del cambio climático, la población crecería a una tasa de 2.6%, a un ritmo más lento, y en consecuencia no llegaría a recuperarse a sus valores históricos en los próximos 100 años.

El escenario más pesimista de cambio climático predice una abundancia de menos de 15 mil ballenas para 2100.

A través de sus heces, las ballenas aportan nutrientes fertilizando el océano. Foto: Nicolás Lewin, Instituto de Conservación de Ballenas.
A través de sus heces, las ballenas aportan nutrientes fertilizando el océano. Foto: Nicolás Lewin, Instituto de Conservación de Ballenas.

La relación entre el fenómeno «El Niño» y la supervivencia de las hembras

Los eventos de la oscilación de El Niño provocan un incremento en la temperatura superficial del mar que reduce la abundancia del krill, una de las presas de las ballenas en sus zonas de alimentación en el Atlántico sur. Luego de intensos eventos de El Niño, un alto porcentaje de hembras identificadas no volvieron a ser vistas en sus áreas de cría. Los autores del estudio proponen que las hembras reproductivas, luego de un año de gestación seguido de otro año de lactancia, serían las más vulnerables frente a la menor disponibilidad de krill. El hallazgo de la relación entre El Niño y la supervivencia de las hembras permitió a los investigadores proyectar el futuro de la población en diferentes escenarios posibles de cambio climático.

El estudio fue liderado por la bióloga Macarena Agrelo, investigadora del ICB y estudiante de doctorado del Programa de posgrado en Ecología de la Universidad Federal de Santa Catarina en Brasil, y contó con la colaboración de investigadores de Argentina, Brasil, Reino Unido y Estados Unidos. Fue realizado en el marco de su tesis doctoral y publicado recientemente en la reconocida revista Science Advances.

Macarena Agrelo explica que “las amenazas que las ballenas enfrentan pueden afectar su supervivencia, y en consecuencia su recuperación poblacional. Identificar estas amenazas y sus efectos nos permite proyectar el futuro de la población en diferentes escenarios de conservación y manejo.”

Los autores de esta investigación explican como se realizó el estudio y las implicancias de sus resultados en la conservación de las ballenas.

Las ballenas, los bosques del océano

Las ballenas juegan un rol fundamental en el ecosistema marino. Al migrar desde las áreas de alimentación, ricas en nutrientes, a las áreas de reproducción como Península Valdés, actúan como fertilizadoras de los océanos a través de los nutrientes que aportan con sus heces, promoviendo la biodiversidad.

Las interacciones de la red trófica del Océano Austral están relacionadas con el cambio climático. Las grandes ballenas son componentes críticos porque mantienen las poblaciones de krill a través del reciclaje de hierro y la fertilización. 

La fertilización favorece la floración de algas de las que se alimenta el krill. Una retroalimentación positiva entre las ballenas, el plancton y el krill, conocida como la paradoja del krill, contribuye en gran escala a mantener sanas las redes tróficas del Océano Austral. 

Las ballenas contribuyen a la regulación del clima mediante la captura de carbono. Por lo tanto, además de mitigar el cambio climático, una mayor abundancia de ballenas significa más producción primaria, más krill y más alimento para todas las especies que habitan el Océano Austral. 

El Dr. Mariano Sironi, Director Científico del ICB y coautor de la publicación, sostiene que “con su gran biomasa y vida longeva, las ballenas contribuyen a mitigar el cambio climático al incorporar miles de toneladas de carbono en sus inmensos cuerpos. Paradójicamente, las ballenas sustentan a la población de krill de la que ellas mismas se alimentan y mantienen sanas y productivas a las redes tróficas del océano.”

Este estudio revela la importancia de considerar el efecto que el cambio climático tiene sobre las poblaciones de ballenas. Además, refuerza la idea de que, en vista de un escenario futuro de calentamiento global más intenso, un atraso en la recuperación de las poblaciones de ballenas puede tener un gran impacto sobre las otras especies que forman parte de la red trófica del Océano Austral.

Foto-identificando ballenas para protegerlas

Desde 1971, junto al Ocean Alliance realizamos anualmente relevamientos aéreos de foto-identificación para monitorear la población de ballenas francas que visitan las costas de Península Valdés en Chubut.

Entre los muchos beneficios de contar con una base de datos tan amplia de identificación individual a largo plazo, se destaca la posibilidad de evaluar cómo la población cambia a lo largo del tiempo y qué amenazas la afectan.

La Prof. Victoria Rowntree, Directora del Programa Ballena Franca de Ocean Alliance y coautora del estudio, concluye que "los resultados refuerzan la gran importancia de una base de datos de foto-identificación individual continua y a largo plazo. Contar con esta base de datos de Argentina nos da una oportunidad única de entender mejor la dinámica poblacional y evaluar los impactos del cambio climático sobre las poblaciones de ballenas a nivel mundial.”

Fuente: ICB

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