COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) -  El 31 de julio Pablo de la Fuente fue internado en Sarmiento por un principio de neumonía. Por protocolo, ese mismo día le realizaron un hisopado para determinar si era coronavirus. Al día siguiente, sin todavía tener el resultado, fue trasladado a Comodoro Rivadavia, donde pasó 42 días en terapia intensiva, 25 de ellos en coma farmacológico. En esos días, le practicaron una traqueotomía, estuvo conectado a un respirador funcionando al máximo. Pablo luchó por recuperarse y finalmente lo logró. Ahora, desde su casa, junto a su familia, le cuenta su experiencia a ADNSUR.

La voz de Pablo suena afónica, rasposa, una secuela de la traqueotomía que tuvieron que practiarle para que pudiera respirar mientras estaba luchando por su vida. Las palabras salen agitadas, espaciadas, pero profundamente agradecidas. "Soy joven, no tenía problemas de salud ni nada, pero estuve cerquita de no volver, y el valor que le empezás a dar a las cosas es otro", expresa.

Su esposa, María Virginia, relata que "Pablo trabaja en el petróleo. El comenzó con principio de neumonía, y los primeros síntomas -dolor de espalda, de rodilla- no estaban relacionados con el Covid. No tuvo fiebre, solo dolor de garganta, así que lo internaron por neumonía".

El 31 de julio fue internado en Sarmiento y lo hisoparon. Al día siguiente lo trasladaron a Comodoro. El joven no volvería a su hogar sino hasta casi dos meses después. 

"Estuvo en coma farmacológico durante 25 días. Los primeros partes eran trágicos", cuenta María Virginia emocionada, y recuerda que "siempre mi fe estuvo puesta en Dios".

Ella y sus dos hijos estuvieron aislados desde el primer día de internación de Pablo, y en las los días subsiguientes fueron desarrollando síntomas compatibles con covid-19. Un hisopado confirmó que los chicos se habían contagiado de coronavirus. La perdida del gusto fue un factor inequívoco para que María Virginia fuera considerada también positivo, sin necesidad de un análisis.

Pasar casi un mes en coma farmacológico no es poca cosa. Y Pablo así lo cuenta: "Fue raro, yo me entero de que estuve dormido cuando me desperté. Mi cabeza nunca dejó de vivir algo que no pasó. Sufrí mucho la separación de mis hijos".

"Una vez despierto no podía hablar porque me habían practicado una traqueotomía; era muy desesperante. De a ratos te de dan ganas de bajar los brazos, porque era muy desesperante: no podés hablar, no podés comer, no podés respirar,  tenés una sensación de impotencia y en un punto decís 'bueno ya está, que se termine todo'... pero algo adentro me decía que no", expresa.

"Mis hijos y mi mujer son todo para mí, así que meterle el pecho, aguantarla", dijo, y agradeció a todo el equipo médico que lo atendió. "Las enfermeras fueron enfermeras, psicólogas, amigas, un hombro... A veces era de madrugada y no pasaba más la noche. Esos 46 días se hicieron eternos. Yo quería volver a ver a mi familia, y de a poco te vas acercando a la meta".

Pablo señala que no sabe cómo se contagió. "Yo usaba barbijo, alcohol en gel, no tomaba mate, no compartía la bebida. Y pasé de estar un día acá jugando con mis hijos a no saber dónde estaba".

Finalmente pudo recuperarse, tener el alta y abrazar nuevamente a su familia fue una "bendición", asegura. Menciona que aforturnadamente el coronavirus "no dejó secuelas neurológicas", pero el virus hizo que desarrollara diabetes, y tanto tiempo internado e inmóvil afectó su motricidad.

"No podía comer solo, tuve que aprender a caminar, ahora estoy caminando solo, lento pero solo. Tuve que aprender a recuperar la voz, por la traqueotomía, a recuperar la capacidad pulmonar", detalla, y señala que quedaron algunas secuelas en su parte motora, en el lado derecho de su cuerpo: "No tengo sensibilidad en los dedos de la mano derecha, en la pierna tampoco, pero es producto del tiempo que estuve quieto, dormido".

"Tuve que empezar desde cero. Ahí te empezás a valorar lo que tenés; ahí te das cuenta de a quién tenés al lado", agradece.