RAWSON (ADNSUR) - Pedro Andrés García fue un militar español que, desde joven, vivió en el Río de la Plata. Cercano a Manuel Belgrano en la idea de fomentar un proyecto agrario, fue comisionado para realizar una expedición para abastecer de sal a la ciudad de Buenos Aires y brindar un Informe de las relaciones con los jefes indígenas que ofreciera un plan a seguir.

Días antes al inicio de las sesiones del Congreso de Tucumán, García entregó su Plan de Fronteras en el cual manifestaba que la ‘idea de impulsar un programa hostil y de guerra permanente como el aplicado hasta 1790 conduciría a un fracaso’, explica Caviglia.

¿Qué pasaba en la Patagonia el 9 de julio de 1816?

En consecuencia, la expedición militar y comercial a las Salinas Grandes fue comisionada por la Primera Junta de Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata a través de un oficio firmado por Cornelio Saavedra y Mariano Moreno.

En ese contexto, García se encontró con numerosos jefes originarios a quien agasajó y de los que obtuvo colaboración y logró regresar a Buenos Aires con tres de ellos: Victoriano, Quinteleu y Epumer. El 11 de octubre de 1811, Feliciano Chiclana (en nombre del Primer Triunvirato) firmó un tratado con ellos. Allí, propuso la incorporación de los pueblos originarios a “la vida civilizada como miembros útiles del estado que tendrán un mismo idioma, costumbres y religión que nosotros”.

¿Qué pasaba en la Patagonia el 9 de julio de 1816?

Asimismo, el antropólogo explicó a ADNSUR que: “En el plan de 1816, además de mencionar la necesidad de proveer de seguridad a la frontera a partir de la creación de poblados, con escuelas que fomenten la agricultura, se proponía una política de justo medio, que significase trato pacífico pero firme, sin perder de vista el propósito de adelantar el límite y controlar la frontera intermedia haciendo uso moderado de la fuerza cuando fuese necesario”.

Como prueba de esta clima de cooperación, el Informe de García de marzo de 1816 señalaba textualmente que: “Se destinarán tres o más cuadras, para repartir a los indios que quieran venir a sociedad y lo mismo terreno para chacras, que estoy cierto se poblarán presto, porque es petición que me han hecho algunos para cuando llegase este caso […] y protegiéndolos con esmero en sus propiedades, y auxiliándolos en sus labranzas, harán esos mismos más conversiones que los misioneros de Propaganda”.

Tanto en 1811 como en 1816, se planteó una política de Estado acorde a los ideales revolucionarios del momento, por encima de los intereses privados y de clase. Los ideales revolucionarios de García estaban en consonancia con los de Belgrano, Castelli y otros hombres de 1810 que con ‘un sentido del Estado’, orientaron su acción utópica por un nuevo Estado con atinadas propuestas para la campaña y la frontera de la época. 

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Mientras tanto en 1815, Enrique Libanus Jones —asociado a la casa Carleton Allsopp de Buenos Aires—, rehízo el establecimiento San José en la Península de Valdés para la pesca de anfibios —caza de lobos y elefantes marinos- y contaba con la mano de obra de tehuelches de la región. Luis Vernet, desde la estancia, se ocupaba con los peones de la extracción de sal y -12 años después- sería designado como ‘Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas y Adyacentes’ a través del decreto del 10 de junio de 1.829.

En una carta histórica, San Martín quería sumar a los presos de Patagones y de las Islas Malvinas para su campaña libertadora

A tan solo 40 días de haberse declarado la Independencia el 9 de Julio de 1816, el general José de San Martín envió una carta al ministro de Guerra en la que hace una mención explícita a las Islas Malvinas lo que evidencia un profundo conocimiento del territorio que la naciente Nación recibió de lo que había sido el Virreinato del Río de la Plata. Esta situación constituye un antecedente histórico de mucho valor para sustentar la solidez de la posición argentina en la controversia con Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur. Ese documento se suma a la serie de antecedentes históricos, geográficos y políticos que respaldan la reivindicación.

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Concretamente, el 14 de agosto de 1816 desde Mendoza, San Martín le escribió a Berutti que "disponga que todos los de alta clase que se hallen presos en esa jurisdicción de su mando sentenciados a los presidios de Patagones, Malvinas u otros sean remitidos a esta capital con copias de sus respectivas condenas y a la mayor seguridad posible comprendiendo también en ellos a los desertores contumaces en este delito".

El propósito de San Martín era reunir a la mayor cantidad posible de soldados para integrar el Ejército de Los Andes que –en los próximos 5 meses- comenzaría la epopeya del cruce de los Andes con la misión de liberar a Argentina, Chile y al Perú del Imperio español.

El Ejército de Los Andes sumó alrededor de 4.500 hombres en el momento del lanzamiento de la campaña militar, el 17 de enero de 1817 y estuvo integrado por chilenos y argentinos, un millar de ellos negros y esclavos que al integrarse a filas lograban su plena libertad.

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Dice San Martín en la misiva a Beruti que el interés por los condenados en Malvinas lo hace "con el objeto de hacer útiles al Estado estos individuos... retrayéndolos de sus pasados extravíos (y) los conduzcan por las sendas de la probidad y honor con provecho de la causa pública". Hay que subrayar que el prócer más importante del país se haya referido en una carta manuscrita a las Islas Malvinas constituye un antecedente de gran valor a favor del reclamo de soberanía que se mantiene vigente.

En definitiva, la Patagonia también tuvo su protagonismo en el proceso de la Independencia Nacional a través de los pueblos originarios que hicieron sus aportes de valor en aquella época y que –fundamentalmente- se sumaron al Ejército Libertador de José de San Martín. Los años siguientes, la región contaría con las campañas de Juan Manuel de Rosas en 1833 y 1834 y la todavía controvertida  “Conquista del Desierto” a cargo de Julio Argentino Roca entre 1878 y 1885.

Nuestra provincia del Chubut se nutrió de una fluida inmigración de españoles e italianos como así también de los colonos bóers (provenientes de Sudáfrica) en Comodoro Rivadavia y de los galeses en el Valle y la cordillera provincial.

Como curiosidad del destino, ambas inmigraciones sufrieron opresiones del Imperio Británico que todavía hoy continuamos padeciendo con la usurpación de nuestras Islas del Atlántico Sur. La historia no ‘se repite primero como tragedia y luego como farsa’ solamente sino que comprenderla nos permite ver sus consecuencias en el presente para replantear nuestros desafíos actuales.