La entrevista es del 2014, en un taller en la Biblioteca Bernardino Rivadavia de Bahía Blanca. Juan Sánchez tenía 12 años y armaba collages con telas. "Me gusta el arte", dijo. "¿Te gustaría el día de mañana seguir una carrera vinculada a esto?", le preguntaro pero Juan no lo sabía, porque todavía no era "grande" y prefería esperar.

Ahora tiene 18 años y se anotó en la Escuela de Arte. Pero los ecos de esa entrevista de Canal Siete de Bahía Blanca tuvieron impacto durante mucho tiempo. Incluso hasta hoy. "Va a ser bastante difícil que la gente se olvide de esto", dice Juan.

La voz desinhibida de un pequeño devoto del arte y la literatura pronto se convirtió en objeto de burlas y memes. A medida que aquel fragmento del noticiero ganaba reproducciones, la confianza de Juan disminuía. "Cuando me enteré de este tipo de cosas me volví más cerrado de lo que era antes, que ya es decir", asegura en diálogo con Clarín.

Sin embargo, menciona al grabar el video no pensó en las repercusiones. "En el único segundo que estuve más o menos preocupado por lo que podía haber salido fue cuando la vi. Lo único que podía pensar cuando la vi no era qué estaba hablando, qué tono de voz estaba usando, ni las cosas que estaba diciendo, sino que tenía una voz de mier..."

Seis años después, que se siga hablando de eso "no sé si me molesta, pero no me gusta", sostiene, y remarca que "no me gusta que se me relacione exclusivamente con eso. Trato de ir con cuidado en espacios públicos y, si alguien me pregunta, desviar la conversación. Intento que la temática no salte muy a menudo, porque después no están charlando con alguien de verdad"

Confiesa que muchas veces negó ser el protagonista del video. De chico, no le temía a la cámara y menos a la exposición. "Tenía entendido que los que se hacían famosos eran los que hacían las preguntas", agrega, pero menciona que comenzó a darse cuenta que algo estaba pasando cuando alguien le pidió que garabatee algún papel o se tomara una foto: "Les decía que no, porque me estaban ofendiendo".

"Yo me imaginaba -recuerda- que a estas cosas las sabían porque habían visto el programa, porque era toda gente del barrio. Bahía Blanca no es un sitio chico, pero igual... El conocimiento de que esto era una cosa más grande vino porque teníamos un pariente en Buenos Aires que nos dijo que ahora yo era famoso... Y recién ahí empezó el terror", asegura.

Y explica: "había situaciones en las que se me aproximaba gente que no conocía, que no venía de la escuela y no vivía en el barrio... Una vez me aterroricé porque estábamos en el Parque de la Costa, una señora me preguntó si era yo y, cuando le respondí, me llevó hasta sus hijos de más de 20 años que me empezaron a pedir autógrafos. Les dije que me aguantaran un segundo... Todavía deben estar buscándome"

"En mi familia había una tendencia de intentar protegerme, porque yo nunca vi nada de lo que supuestamente tenía que lastimarme, así que la verdad no sabía bien protegerme de qué. Algunos me decían que había que tomárselo con comedia y otros que tenía que ser más serio. Otros intentaron abrir casos legales... Otros que decían que era una estupidez", dice, recordando que en ese momento no tenía más de 13 años.

Cuando el video empezó a viralizarse, su mamá Gladys se propuso evitar que su hijo leyera alguna de las burlas que rondaban entre los perfiles cibernéticos. Pero otros escenarios eran más difíciles de controlar, como el colegio. "Sufrí bullying escolar porque los chicos eran malos, pero casi ninguna de las mil y un cosas por las que se reían tenían que ver con el video", aclara.

Cuando uno de esos episodios se presentaban, la escapatoria era sencilla: le gustaba dibujar y a veces armaba cosas en el taller que había montado en el lavadero de su casa. "No era tanto para despejarme, sino porque me gustaba. Generalmente, a este tipo de cosas intentaba bloquearlas en el momento e ignorar todo lo que me dijeran. Me mantenía callado o me iba", reconstruye.

A Juan le gustaba el arte. Y ese sentimiento lo acompaña hasta hoy, que planea pulir sus conocimientos en ilustración y se inscribió en la Escuela de Arte. "Dibujo mucho y vengo acumulando cuadernos con temáticas poco consistentes. Todos me dicen que dibujo bien y que soy expresivo", se describe. Pero no se anima a mostrar sus obras más que a algún familiar. ¿El motivo? "Siento que me van a juzgar mucho".

A pesar de que cargó durante años con el peso de las críticas, Juan se considera un afortunado. "Tuve complicaciones en cierta medida, pero hay personas que la tienen más complicada", comienza su descargo. Porque, si bien él no se topó con esa porción de comentarios desagradables, sabe que otros lidian con esa cruz a diario.

"Estas personas -argumenta- pueden llegar a sentirse ofendidas y en algún momento llegar a cometer cosas que no está bien... Siento que a esas personas no se las escucha lo suficiente. Siempre es a mí al que contactan. Si a mi caso no lo hacían conocido, hubiera pasado a la historia y se lo habrían olvidado". 

"Están constantemente metiendo el dedo en la herida de una persona que probablemente esté intentando desarrollar una vida aparte, convertirse en algo nuevo, evolucionar... Y de pronto vienen a preguntarte si sos esa persona", dice.

A quienes sufren bullying podría decirles "que tienen que aprender a sobrellevar este tipo de situaciones, por más que sea muy duro. Lo que hace casa en este tipo de casos es fortalecerse, aprender que las personas siempre van a estar haciendo comentarios estúpidos y que lo que uno tiene que aprender que siempre va a haber este tipo de personas y no prestarles atención".

Con información de Clarín