COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR/Escuchá la entrevista) - En el marco del programa de Responsabilidad Social Empresaria de Pan American Energy, que contempla un ciclo de charlas vinculadas a la propuesta de “Conocer nuestra mente para vivir mejor”, junto a la Fundación INECO (Instituto de Neurología Cognitiva), la doctora Teresa Torralva brindó una entrevista en torno a las consecuencias del aislamiento social obligatorio sobre el cerebro de los adolescentes. Sorpresivamente, los primeros análisis sobre los efectos del aislamiento fueron más negativos para las franjas de edades más bajas.

Durante la entrevista, la psicóloga explicó cuáles son las recomendaciones para seguir transitando la cuarentena y el aprendizaje que pueden ofrecer los adultos a partir de su propia conducta.

“Ser adolescente es complejo de por sí, los adolescentes atraviesan por un proceso cerebral particular en el que existe un desbalance entre las áreas del cerebro relacionadas con las emociones, las que se encuentran hiper desarrolladas y una inmadurez de la corteza prefrontal, área relacionada con el control de los impulsos, la evaluación de riesgos, la planificación, organización y la empatía”, expresó la especialista como parte de la presentación del tema.

Directora del Departamento de Neuropsicología y Rehabilitación Cognitiva, Torralva hizo referencia a la encuesta realizada por INECO para detectar los efectos del aislamiento sobre distintos grupos de edad de la población:

“La encuesta fue realizada a los 10 días de aislamiento y el resultado más relevante, entre muchos otros, fue que el 50 por ciento de la población de argentinos que respondieron esa encuesta, presentaban síntomas de ansiedad y uno de cada 3 se sentía deprimido –detalló, en diálogo con Actualidad 2.0-. Cuando hicimos un estudio de los diferentes grupos etarias, sorprendentemente fueron los adolescentes quienes más sufrieron estas consecuencias”.

Los adolescentes son los que más sufren el aislamiento.
Los adolescentes son los que más sufren el aislamiento.

Ese resultado pareció sorprenden al inicio, porque “uno esperaría que el adolescente ligado a la tecnología y las redes sociales podría sobrellevarlo mejor, pero no fue así”, detalló, para explicar la vulnerabilidad del cerebro adolescente y algunos motivos por los que puede darse este efecto.

Según específico la doctora en torno a los resultados del estudio, “los jóvenes argentinos presentan síntomas más intensos de depresión que las personas mayores y fueron específicamente los sentimientos de soledad quienes aparecieron como el factor más importante asociado a los síntomas emocionales. Este hallazgo confirma la importancia del elemento social cara a cara en la regulación del ánimo de los jóvenes tal como se viene mostrando diferentes estudios a nivel mundial”.

Más emoción que racionalidad

“El cerebro está en desarrollo y es lo que explico en mi libro, ‘Cerebro adolescente’ –refirió-, hoy sabemos que termina de desarrollarse a los 25 años, cuando antes pensábamos que esa tapa concluía tempranamente. Recién a los 25 años los lóbulos frontales terminan de desarrollar y esto explicaría gran parte de las conductas adolescentes. Todo aquello que nos preguntamos: ‘¿por qué los jóvenes no respetan las reglas, o empezamos a ver adolescentes que transgreden más frecuentemente el aislamiento? ‘¿Por qué los chicos no se auto regulan, no se ponen en nuestro lugar?’, etc. Esa parte del cerebro es la que comanda la parte racional, por lo que los adolescentes están más tomados por la emoción, no pueden ver las recompensas futuras”.

“El aislamiento afectó más el cerebro de los adolescentes que otras franjas de edad”

En ese punto, indicó que la salida del aislamiento debe ser muy bien planificada para evitar un “efecto rebote”, similar al de una dieta “cuando alguien vuelve a engordar después de dos meses sin comer”.

“Un cerebro en desarrollo, no capacitado al 100 por ciento para regular las conductas que vienen hacia delante –precisó Torralva, también licenciada en Psicología- explican estas recciones. Hay un área poco desarrollada, que es la racional, mientras la hiper desarrollada es la emocional. Es como una Ferrari sin frenos: motor nuevo y carrocería reluciente, pero sin embargo los frenos no funcionan bien. Esta es la comparación para el cerebro adolescente hasta que termina de desarrollarse”, puntualizó.

“Por lo que cuál es el impacto real de la cuarentena sobre este cerebro en desarrollo no está aún del todo claro pero revisiones actuales sobre el tema sugieren que el impacto psicológico pareciera ser mayor en esta población que en otras. El aislamiento genera sentimientos y emociones particulares en cada persona, más aun en los adolescentes, jóvenes ávidos por aprender, socializar y desafiar la vida”.

 Recomendaciones

Entre las estrategias recomendadas, mencionó cambiar el foco para sostener el esfuerzo del aislamiento, aun aceptando que a 50 días es bastante difícil y se deben readecuar los argumentos, además de flexibilizar parte del aislamiento para evitar una ruptura total. “Si el chico puede ver que este esfuerzo es para cuidar a sus abuelos, por ejemplo, se activa el circuito de la recompensa, donde el cerebro libera dopamina y es un efecto similar al de la satisfacción de comer un chocolate, o pequeños actos de placer en la vida cotidiana. Este es la más importante de las estrategias, pero no es sencillo ponerla en práctica, sobre todo por el tiempo transcurrido, en el que será necesario que haya algún tipo de flexibilización”, precisó.

 También precisó que hay un mayor agotamiento en el uso de tecnología para comunicación, por lo que detalló la serie de tensiones adicionales que se generan a través de estos modos de comunicación.

Otra recomendación importante:

“Considerando que funciones como la empatía, y el ponerse en los zapatos del otro recién está desarrollándose en este período, aprovechemos para entrenarlos en esta capacidad. Mostrémosle, todas las veces que sea necesario y hasta poniéndolo en palabras, cómo ponerse en el lugar del otro, cómo mirar la vida desde otro lugar. Son funciones que se entrenan, y es una gran oportunidad para que aprendan por imitación. Somos sus modelos y estamos muy cerca. Y su cerebro está en construcción por lo que lo que aprendan allí quedará”.

Torralva insistió en que al estar el lóbulo frontal todavía en etapa de desarrollado, el rol de los adultos es vital para la conducta de los adolescentes, ya que “su cerebro es como una esponja, absorbe todo el tiempo a partir de las conductas que observa en sus padres”.

“¿Cómo hacer para que nuestros adolescentes capitalicen esta situación? Ellos aprenden mucho por imitación. Si se encuentran con adultos que aprovechan esta situación, aceptando la angustia y las emociones negativas, pero son capaces de ser flexibles y recalcular rápidamente, que no se puede ir hacia el norte pero se puede cambiar hacia el oeste. Los jóvenes y niños son esponjas, aprenden de lo que ven y viven en sus propias casas. Debemos fomentar la salud  de los padres para ser resilientes, para salir fortalecidos de una situación tan complicada como ésta”.