“Cuando mi niño nació prematuro, me dijo ‘mamá te tenés que venir a vivir al hospital así el bebé crece con más fuerzas’ y así fue. Nunca se equivocó en los consejos”, dice Rocío en un muro de Facebook. “Me acuerdo de lo mucho que me ayudó. Yo era mamá primeriza, mi bebé nació prematuro. Con los miedos y tristeza a cuestas, y ella con esa dulzura que la caracterizaba”, agrega Viviana González en otro posteo.

Por estos días los recuerdos de María de los Ángeles de Haro se multiplican en las redes sociales. La neonatóloga del Hospital Regional dejó una huella en cada uno de los pacientes que atendió, pero también en sus familiares, aquellos padres que junto a sus hijos tuvieron que enfrentar momentos difíciles luego que dieron a luz. 

Durante más de una década esta profesional tucumana, que llegó a Comodoro junto a su esposo, el doctor Pablo Ríos, fue integrante del servicio de Neonatología del Hospital Regional, espacio al que llegó por la falta de médicos y que hoy cuenta con su propia residencia de la especialidad. Maqui tuvo mucho que ver con ello.

Maqui, la joven neonatóloga del Hospital Regional que dejó su huella en Comodoro


Son las cuatro de la tarde del jueves y Pablo, su esposo, y Pedro Pablo, su hijo de 19 años, reciben a ADNSUR en la casa donde Maqui decidió pasar sus últimos días. Con entereza, a solo cuatro días de su fallecimiento, cuentan parte de su vida y recuerdan su figura como profesional, persona y especialmente como madre y compañera. 

Mientras hablan siempre aparece una sonrisa, y la mirada cálida a un portarretrato que durante mucho tiempo fue compañía mientras Maqui estaba en tratamiento, peleando contra un tumor cerebral irreversible.

“Me han llegado muchos mensajes”, dice Pablo con una sonrisa en el rostro. “Muchos padres de chicos que han estado internados en la Neo, mucha gente que nos conoce porque nosotros estábamos juntos hace 30 años. Teníamos 15 cuando nos pusimos de novios, prácticamente toda una vida; la carrera, la especialidad, y nuestra llegada acá”, agrega con tranquilidad.

Maqui junto a Pablo antes de que aparezca la enfermedad.
Maqui junto a Pablo antes de que aparezca la enfermedad.

Pablo y Maqui se conocieron en San Miguel de Tucumán, su tierra natal. Ella tenía solo 16 años cuando comenzaron a salir gracias a Ariel Campo, el mejor amigo de Pablo que se había puesto de novio con la hermana mayor de ella. El flechazo fue instantáneo y desde entonces vivieron la vida juntos.

Maqui en ese momento estudiaba en la escuela de Bellas Artes, luego de haber hecho la primaria en la Escuela Santa Catalina, donde fue abanderada. Pablo, por su parte, estaba en el primer año de Medicina en la Universidad Nacional de Tucumán.

Maqui era chica, pero ya sabía lo que quería para su futuro. Es que a pesar que amaba la danza, lo que la llevó a estudiar en el Teatro San Martín, siempre supo que quería ser médica, tal como recuerda Pablo.

“Ella siempre quiso estudiar medicina. Desde que la conocí. Siempre le gustó también la parte de genética y la parte de pediatría”, dice con orgullo".

Lo cierto es que Maqui siempre se destacó por ser buena alumna, tanto, que cuando terminó la secundaria fue becada para realizar un intercambio en Alemania, donde estuvo durante 60 días. Por supuesto, eso no impidió que realice su primer año de universidad con éxito. Es que, como recuerda Pablo, luego de su viaje, llegó y rindió tres materias juntas: biología, bioquímica y anatomía.

Maqui y Pablo en su juventud.
Maqui y Pablo en su juventud.

Si bien se llevaban cuatro años de diferencia, ambos se recibieron prácticamente juntos en la universidad, ya que Pablo se retrasó en sus estudios luego de que su padre sufrió un accidente y tuvo que ponerse a trabajar. 

Así realizaron la Práctica Final Obligatoria juntos, como también la especialidad en Neonatología en la Maternidad del Instituto Mercedes, la más grande de Sudamérica.

Cuando terminaron neonatología ya habían sido padres de Pedro Pablo (19) y Sofía (14). Recién estaban acomodando su vida. Sin embargo, una oportunidad en el sur de la Patagonia iba a cambiar todos sus planes. 

Maqui, la joven neonatóloga del Hospital Regional que dejó su huella en Comodoro

Por ese entonces, había una sola neonatóloga en el servicio del Hospital Regional de Comodoro, y el Ministerio de Salud de Chubut, que conducía Ignacio Hernández, decidió buscar especialistas en Tucumán.

Maqui y Pablo estaban preparando todo para irse de vacaciones. Sin embargo, cuando recibieron el llamado de un amigo, quien les contó que en Comodoro estaban buscando neonatólogos, decidieron venir a la ciudad y probar suerte.

Así, el 23 de enero de 2011, llegaron a Comodoro junto a otros 7 pediatras que viajaron a la ciudad para sumarse al Hospital Regional. Su llegada fue una gran noticia para Comodoro, que reclamaba constantemente la falta de médicos. Sin embargo, no todo salió como se esperaba y luego de tres meses, solo tres profesionales se quedaron en la ciudad; entre ellos Maqui y Pablo. El resto decidió volver a sus pagos.

Pablo recuerda esos días como si fuesen hoy. “Nosotros siempre decíamos que íbamos a ir donde más nos necesiten, siempre nos había gustado la idea de la Patagonia y a Maqui le gustaba el mar. Así que dijimos ‘vamos donde nos necesiten’. Nos imaginábamos que era una ciudad mucho más chica, pero cuando llegamos nos empezaron a pasar los autos por los costados y justo había un viento terrible. Me acuerdo que a los tres meses, la mayoría de mis compañeros se fueron, pero nosotros dijimos ‘no, ya vinimos, es un desafío para todos nosotros. Nos quedamos’, y así fue”. 

Cuenta Pablo que por ese entonces había una sola doctora en la Neo. Así, se sumaron al servicio abocados al 100%; muchas veces entregándose la guardia entre ellos. Sin embargo, poco a poco el servicio fue creciendo, sumando nuevos médicos que ellos recomendaban, lo que permitió, años después, armar la residencia en Neonatología donde Maqui fue coordinadora.

Pablo asegura que Neo era el lugar en el mundo de su esposa. “Ella siempre fue una apasionada de la neonatología, muy humana. Siempre fue muy dedicada y muy humilde. Los pacientes la querían mucho. Si eran las 11 de la noche la llamaban, o la consultaban por teléfono para conseguir tal medicamento o una derivación. Era un ángel, siempre la veías con una sonrisa”.

Maqui, la joven neonatóloga del Hospital Regional que dejó su huella en Comodoro

EL INICIO DE TODO

Como dice Pablo, la neonatología era su pasión. Maqui no solo fue coordinadora de la Residencia de Neonatología, sino también docente de Medicina en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, cargo que ocupó hasta antes de la pandemia. Luego todo sería diferente.

Es que el 1 de diciembre de 2020, Maqui sufrió convulsiones mientras dormía, y comenzó la pesadilla. Esa madrugada fue trasladada de urgencia al Hospital Regional y quedó internada en la guardia mientras buscaban cama para poder atenderla. Eran tiempos difíciles de pandemia, en el peor momento de la enfermedad; y a pesar de ser trabajadores del nosocomio y la asociación Española, no podían conseguir un espacio para ella. 

Recién al otro día, Maqui pudo ser internada y sometida a diversos estudios, aunque no lograron dar con el diagnóstico.

Pablo recuerda que esa Navidad Maqui lo pasó en su casa y en enero viajaron a Buenos Aires para atenderse en el Instituto Fleni. Allí le hicieron diversos estudios y le pidieron realizarse una biopsia, pero como era muy invasiva, ella pidió volver a Comodoro para ver a sus hijos y regresar en marzo.

El día 3 del tercer mes del año, ellos tenían previsto viajar por tierra a Buenos Aires. Pero un día antes se volvió a descompensar y terminó internada en terapia intensiva. Esta vez el cuadro era mucho más complejo, y luego de una resonancia donde se vio que estaba haciendo un edema, su médico fue claro: “Si no se va ahora no va a vivir acá, porque era muy complicada la cirugía”. 

Como pudieron intentaron conseguir una cama en el Fleni. Sin embargo, los esfuerzos fueron en vano, hasta que pudieron conseguir un lugar y Maqui fue trasladada de urgencia. El sábado al mediodía llegó al instituto y tras unos estudios decidieron operar el lunes, pero esa misma madrugada otra vez se descompensó y entró al quirófano de urgencia. 

Mientras todo esto pasaba, sus hijos viajaron a Tucumán para encontrarse con su familia. El doctor Miguel Carrizo, un médico tucumano que había sido compañero de Pablo, se ofreció para llevarlos para que estén cerca de sus familiares.

Pablo y Maqui estuvieron un mes en Buenos Aires. El pronóstico no era alentador, le quedaban pocos meses de vida y la recomendación era hacer radioterapia y quimioterapia. Para que esté más contenida, decidieron que la recuperación la realice en Tucumán, cerca de su familia. 

Maqui junto a su familia.
Maqui junto a su familia.

Contra todos los pronósticos, Maqui mejoró, pero en agosto del año pasado pensaban que se iba. Una noche tuvo que ser internada de urgencia. Toda la familia la acompañó en el sanatorio pensando. Sin embargo, al otro día despertó mejor y decidió que era momento de volver a Comodoro, a la casa que construyó con su marido, su hogar. Así, en enero de este año volvieron a la Patagonia.

Pablo asegura que desde entonces disfrutaron cada día que pudieron al estar todos juntos. 
Hasta el 4 de junio pudieron llevar una vida normal y soñaba con volver al servicio de neonatología del Hospital. Sin embargo, ese día tuvo una convulsión y empezó a decaer lentamente.

Maqui decidió volver a Comodoro, y soñaba con volver a la Neo del Hospital Regional.
Maqui decidió volver a Comodoro, y soñaba con volver a la Neo del Hospital Regional.

Mientras Pablo habla, su hijo lo mira a los ojos con una sonrisa. Intercambia miradas con el portarretrato que una instrumentadora quirúrgica le regaló a su mamá a modo de agradecimiento y sigue el hilo de la charla.

Es que, además de excelente profesional, Maqui fue una gran madre, que les inculcó el valor del estudio y el deporte. “Ella siempre ha querido que seamos felices. Nunca nos presionó para estudiar, siempre estaba para apoyarnos y ayudarnos en lo que necesitemos”, dice Pedro Pablo con emoción.

A la familia por supuesto le quedan cientos de anécdotas y momentos, como aquellos tiempos antes de la llegada de Francisco (7), en que fueron todos a taekwondo siguiendo el camino de Pedro Pablo, o aquellas lindas tardes de bicicleta, o en peñas, donde junto a Pablo despuntaban su pasión por el folclore y la música: ella bailando y él tocando, como cuando eran adolescentes.

Pablo mira el portarretrato y no duda en afirmar que “era la reina de la casa”, y recuerda diferentes momentos, como alguno de los viajes que tanto les gustaba hacer en auto, uniendo Comodoro con Tucumán, su pasión por la danza y los caballos. 

Maqui finalmente falleció el domingo 14 de agosto en su propia casa, rodeada del amor de su familia y hasta de sus mascotas. Ese fue el lugar donde eligió despedirse luego de un enorme recorrido salvando vidas, entre Tucumán y Comodoro, los lugares donde dejó su huella.

Maqui, la joven neonatóloga del Hospital Regional que dejó su huella en Comodoro
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