Da la impresión de que ser fiscal en la provincia del Chubut se hubiera convertido en un castigo: los conocedores en la materia coinciden en que se trata de un cargo que produce un enorme desgaste, y que dejó de resultar atractivo en la ecuación que se da entre ingreso salarial y responsabilidad. La muestra está en que quienes acceden a esos lugares, luego de un tiempo de agotamiento, concursan para ser jueces de garantías o camaristas, y cada vez cuesta más ocupar los lugares que dejan vacantes.

De acuerdo a información aportada por la Procuración General que conduce Jorge Miquelarena a pedido de ADNSUR, el número ideal de fiscales para cubrir cada una de las áreas y jurisdicciones dentro del Ministerio Público Fiscal, es de 46 en todo Chubut. Pero a partir de abril habrá solamente 37 fiscales en funciones. Es decir que habrá 9 lugares sin cubrir, lo que significa que el 20 % de los puestos estarán vacantes.

Lo alarmante es que, si bien los fiscales que están trabajando, dan respuesta a costa de mayor exigencia, la situación no parece ir a camino a solucionarse; por el contrario, se trata de una tendencia que va en aumento desde hace tiempo. Nada indica que el éxodo no vaya a ser mayor, dado que cada vez que hay un concurso de juez, hay uno o varios fiscales inscriptos. En cambio, casi nadie se anota para las vacantes en la fiscalía.

Un cargo de fiscal tiene un salario promedio de $ 400 mil, lo que es variable de acuerdo a la antigüedad en el puesto, y puede llegar hasta $ 450 mil. Mucha gente podría pensar que, con ese salario, los abogados hacen cola para concursar desde todo el país para venir a Chubut. Sin embargo, esto no ocurre. Hasta hay ejemplos de ofertas a fiscales de otras provincias para que vengan con vivienda incluida, y tampoco es suficiente.

El procurador general Jorge Miquelarena es el jefe de los fiscales en Chubut.
El procurador general Jorge Miquelarena es el jefe de los fiscales en Chubut.

Para ser fiscal en Chubut, la Constitución requiere ser ciudadano argentino, tener título de abogado y acreditar al menos siete años de ejercicio como tal, ya sea como magistrado o como funcionario judicial. Por lo menos cinco de los cargos de fiscales que están vacantes, esperan desde hace casi un año a un titular. Si bien el Consejo de la Magistratura llama a concurso de manera permanente, no se presenta casi nadie, y los pocos que lo hacen no logran superar los exámenes.

Esto no ocurre con los cargos de defensores públicos, o de jueces de garantías, que se concursan y se cubren de inmediato; y mucho menos con los cargos de camaristas, que son los más apetecidos. ¿Por qué razón cuesta tanto conseguir un fiscal en Chubut?

PANORAMA GENERAL

La única zona de la provincia que tiene cubiertos sus tres lugares de fiscales en la circunscripción de Sarmiento, donde están en funciones Andrea Vázquez, Rita Barrionuevo y Laura Castagno.

El lugar con mayores falencias en personal es la fiscalía de Rawson, ya que de cuatro cargos de fiscales tiene apenas dos cubiertos: son Fernando Rivarola y Florencia Gómez. Aún siguen sin ocuparse las vacantes que dejaron Osvaldo Heiber y Sergio Ferrín.

Florencia Gómez y Fernando Rivarola son los dos fiscales de Rawson.
Florencia Gómez y Fernando Rivarola son los dos fiscales de Rawson.

Si se repasa la zona de Esquel hay una vacante con llamado a concurso hace un año, y los fiscales en actividad son cuatro: María Bottini, Ezequiel Forti, Lorenzo González y Carlos Richeri.

Siguiendo con el panorama provincial, en la Comarca Andina, también se llamó a concurso hace un año por una vacante de fiscal, mientras hoy están en actividad Carlos Díaz Mayer y Oscar Oro.

En Puerto Madryn, la vacante más reciente se dio por la convocatoria a Daniel Báez para asumir como ministro del Superior Tribunal de Justicia. Los fiscales en vigencia son 7: Alex Williams, Jorge Bugueño, María Carcano, Mabel Covi, María Hernández, Silvana Salazar y María Vottero Alberti.

Daniel Báez y Camila Banfi Saavedra dejaron sus cargos como fiscales jefes en Puerto Madryn y Comodoro Rivadavia para asumir en el STJ.
Daniel Báez y Camila Banfi Saavedra dejaron sus cargos como fiscales jefes en Puerto Madryn y Comodoro Rivadavia para asumir en el STJ.

Por su parte en la fiscalía de Trelew hay un concurso pendiente hace un año, y 8 fiscales en funciones: Silvia Pereira, Griselda Encina, Enrique Kaltenmeier, Vanesa Marín, Arnaldo Maza, Néstor Moyano, Marcos Nápoli y Gustavo Núñez.

De los 12 lugares previstos por el Ministerio Público Fiscal en Comodoro Rivadavia, hay una vacante reciente y otra inminente: Camila Banfi Saavedra renunció en diciembre para asumir en el STJ y Carlos Adrián Cabral renunció a partir del 1° de abril para ir a vivir a Neuquén.

Los 10 fiscales en actividad en la ciudad petrolera son Marcelo Crettón, María Laura Blanco, Juan Carlos Caperochipi, Martín Carcamo, Ana Codina, Verona Dagotto, Héctor Iturrioz, Cristian Olazábal, Julio Puente y Andrea Rubio.

Fiscales Omar Rodriguez (Unidad Especial Delitos Admin, Púb.), Héctor Iturrioz (Comodoro) y Marcos Nápoli (Trelew).
Fiscales Omar Rodriguez (Unidad Especial Delitos Admin, Púb.), Héctor Iturrioz (Comodoro) y Marcos Nápoli (Trelew).

Un caso especial es la fiscalía especial creada en 2017 de Delitos contra la Administración Pública, que tiene como único integrante a Omar Rodríguez y hace años espera algún colega que venga a hacerle compañía. Pero nadie se presenta a concurso, para un área de altísima exposición que debe lidiar con pesos pesados como políticos con muchas mañas, empresarios poderosos y enfrentar a los más prestigiosos abogados.

RAZONES

Hay varias lecturas para tratar de entender por qué un puesto de vital importancia para el sistema judicial no resulta atractivo y tampoco da la impresión de despertar un alto compromiso en algunos de sus actores: las causas podrían resumirse en el fuerte nivel de desgaste producto de un régimen horario sin límites, alta exposición pública, enorme responsabilidad y el inevitable estrés que muchos no pueden soportar.

Hay que recordar que desde que hubo en Chubut una reforma procesal a fines de los 80, dio inicio un sistema mixto y después comenzó a regir el sistema acusatorio, que entró en plena vigencia en 2006, donde hubo una clara distribución de los organismos en el proceso penal: el fiscal es quien investiga, prepara el caso, elabora la teoría y acusa; el defensor que defiende a su asistido y refuta la investigación; y el juez (que antes era de instrucción) pasó a ser absolutamente imparcial y cuida las garantías constitucionales.

De este modo, el juez pasó a tener un rol más tranquilo, y los fiscales ahora tienen toda la carga pública y la responsabilidad a la hora de investigar y producir las pruebas. Todo el cúmulo de la actividad procesal, de hacer allanamientos, de requerir a los médicos forenses informes o autopsias, de hacer pericias con especialistas, de evaluar la prueba documental, de tomar testimonios, todo ese trabajo pasó exclusivamente a la figura del fiscal.

Esto generó que la mayor interpelación de parte de la sociedad sobre el accionar de la justicia haya recaído precisamente en los fiscales, que habitualmente tienen la mayor cantidad de denuncias ante el Consejo de la Magistratura: quedaron mucho más expuestos ante la gente, así como ante los medios, con una presencia altísima en la prensa.

Alejandro Panizzi junto a Tomás Malerba, presidente del Consejo de la Magistratura, organismo que debe seleccionar fiscales y que a su vez recibe las denuncias.
Alejandro Panizzi junto a Tomás Malerba, presidente del Consejo de la Magistratura, organismo que debe seleccionar fiscales y que a su vez recibe las denuncias.

En consecuencia, para ser fiscal, se requiere un compromiso funcional y un sentido de pertenencia mucho mayor que en otros cargos: es porque después de algunos años, llega un momento inevitable de cansancio y agotamiento, en el que los fiscales ven que otros operadores del sistema tienen una vida mucho más tranquila en lo laboral.

Es allí cuando deciden concursar para otro puesto, sabiendo que muchas veces pierden antigüedad y en consecuencia resignan ingresos. Lo que viene ocurriendo en la práctica es que el Ministerio Público Fiscal termina siendo “semillero” de la judicatura. Los puestos de jueces están repletos de ex miembros de la “escuelita” de las fiscalías.

Fernanda Revori, María Tolomei y Patricia Reyes. Primero fueron fiscales, luego concursaron como juezas.
Fernanda Revori, María Tolomei y Patricia Reyes. Primero fueron fiscales, luego concursaron como juezas.

Da la sensación de que la cuestión salarial sería la única herramienta que existe para “captar” interesados en rendir concursos, o evitar el éxodo a otros cargos. Por ello, hay un rumor de pasillo sobre un planteo que se estaría elevando por estas horas al Superior Tribunal de Justicia que, de prosperar, podría elevar los ingresos de los fiscales generales.

Por lo pronto, el funcionamiento del código acusatorio está dando una voz de alerta: en Chubut, cada vez resulta menos atractivo ser fiscal –por tener la mayor carga del trabajo y la mayor exposición- y en cambio genera más interés ser juez o defensor. Incluso con la ley de porcentualidad, hay rangos de empleados con antigüedad que terminan cobrando apenas un poco menos que un fiscal, pero con mucha menor responsabilidad. Parece una opinión absolutamente subjetiva, pero los números no mienten: trabajar de fiscal es la función menos atractiva que ofrece la carrera judicial en Chubut.

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