Brindar con estilo: los mejores vinos para celebrar en estas fiestas

La protagonista indiscutida de las cenas de Navidad y Año nuevo es la comida festiva, y los vinos deben acompañar para crear un momento único. Cuáles elegir y todo lo que hay que saber para poder brindar mejor y disfrutar más en los festejos de fin de año.

En las fiestas todos celebran de maneras diferentes. Están los que se van de vacaciones y cambian sus hábitos de consumo en función al lugar elegido, y los que prefieren celebrarlo en un restaurante aceptando un menú fijo. Pero la mayoría se queda en sus casas para recibir a la familia y los amigos.

Es cierto que, por costumbre, pero más por cómo está la situación del país, todos deben colaborar un poco con la comida y la bebida, y si bien muchos se pueden lucir con recetas caseras, con los vinos se hace la diferencia, ya que se puede llamar la atención de todos sin necesidad de invertir tanto.

La Argentina es una caja de sorpresas, y el vino no es la excepción. Es más, debe ser la categoría que más diversidad ofrece y con mayor valor agregado. Es por ello que no se trata simplemente de aprovechar la oferta de turno y llevar seis botellas del mismo espumoso. Para tener éxito solo hay que juntar un poco de información sobre el evento (lugar y tipo de comidas a servir), los comensales que asistirán (cantidad), y por último preocuparse por las formas en las que los vinos se van a servir (copas, hielo, etc.). Con esta simple data se puede planificar cómo será el movimiento de las copas a lo largo de la noche y así lograr que todos celebren más y disfruten mejor.

Qué vinos elegir para servir en las fiestas

A diferencia del hemisferio norte, acá suele hacer calor durante las fiestas de fin de año, más allá que se realicen de noche. Eso implica que siempre el comienzo tiene que ser refrescante. Puede ser con burbujas, pero hay que tener en cuenta que los espumosos llenan más que los vinos tranquilos, o al menos esa es la sensación que dan a primera copa por ser gasificados. Está claro que un vino espumante seco (no dulce) puede oficiar de gran aperitivo, además de satisfacer a los fanáticos de las burbujas; por lo tanto, siempre hay que tener una botella abierta y en la frapera lista para el que desee, ya que los conocedores que van por este camino difícilmente cambien de tipo de vino a lo largo de la noche.

Pero la mejor opción sería proponer un rosado de los nuevos. De aromas suaves y paso ágil, de esos que atraen por su aspecto más allá de la botella y refrescan el paladar, acompañando casi en silencio los primeros bocados de la larga noche. Además, es un vino que en dichas circunstancias puede sorprender desde el que no suele tomar hasta el consumidor más interesado, porque hay veces que la ocasión es más determinante que la calidad del vino.

Sin importar el desarrollo del menú y suponiendo que suelen ser comidas más informales, donde todos comen de todo y sin un orden específico, se puede seguir con un buen vino blanco. La idea es subir un poco la apuesta en estructura, pero sin perder frescura. Para ello, elegir un Chardonnay, un Semillon o un Blend Blanco (que están muy de moda), mejor con paso por madera. Esto supone además de un cambio, respecto del rosado, un paso más pretencioso, más acorde con lo que va llegando a la mesa. Para los que solo beben tintos se pueden tener dos opciones. Una podría ser un Pinot Noir o un tinto joven, sin mucho cuerpo y capaz de servirse bien fresco sin temor a desnaturalizarlo. El otro, debería ser un buen tinto de fondo, con más cuerpo, pero también equilibrado para que pueda llegar a las copas algo más fresco que de costumbre, ya que en verano el vino se calienta rápidamente. Pero no hace falta apostar por grandes vinos porque no serán los protagonistas de la noche, solo deben acompañar (casi sin llamar la atención) acomodándose a la variedad de preparaciones caseras que haya en las mesas. Es decir que, si alguien tiene guardado un vino especial, no es recomendable descorcharlo en este tipo de encuentros.

Obviamente el vino espumoso no puede faltar. Algunos sofisticados apostarán por el Champagne, pero por suerte la propuesta local de hoy ya está a la altura cualitativa de muchos de los afamados franceses. Además, el estilo en cada categoría está más pensado para el paladar argentino. La diversidad que ofrece esta categoría es sorprendente; hoy casi todas las bodegas tienen su vino espumante. Pero ya no son simplemente etiquetas para completar una línea, sino que la mayoría están pensados como tales.

Así, hay que destacar los vinos de las bodegas que se dedican especialmente a esta categoría, ya sea elaborando vinos con el método tradicional (de botella por botella) como con el método Charmat (en grandes tanques). Cada uno tiene sus características. Los primeros quizás promuevan más las burbujas finas y la complejidad de sus sabores, mientras que los segundos se destacan más por su carácter frutal y refrescante. Obviamente el tiempo aporta complejidad, es decir que aquellos vinos que más reposo sobre lías tuvieron durante la segunda fermentación, más delicados y complejos serán. Por lo tanto, lo mejor será tener uno más accesible para el gran brindis, y alguna botella con más pretensiones para estirar el brindis con aquellos que pres tan más atención a lo que hay en las copas.

Tips para brindar mejor

La primer gran duda de muchos es qué cantidad de vinos comprar, aunque el cálculo es bastante más fácil de lo que se supone. Además, siempre suele sobrar al igual que la comida, pero la gran ventaja del vino es que si no se descorcha sirve para otra ocasión. Y si queda abierto, se puede guardar tapado en la puerta de la heladera y disfrutar al día siguiente, acompañando las sobras de la gran comilona.

Media botella por persona mayor que se sepa disfruta del vino, estará bien, entendiendo que la prioridad está en la progresión del servicio. Esto quiere decir que, si llega el momento de sacar a la mesa el blanco y aún queda el rosado, no importa. Pero en dicha estimación hay que tener en cuenta los diferentes vinos a servir durante la noche. Los primeros serán siempre los más aceptados; todos dirán que sí al rosado, pero pocos se sumarán al tinto. Por eso, en la cuenta general hay que repartir la sumatoria entre las diferentes propuestas a elegir, y quizás, del vino preferido del anfitrión, duplicar la apuesta. En este sentido se puede perfectamente solicitar la colaboración de algún invitado que seguramente valorará la asistencia en cuanto al tipo de vino y la cantidad.

Con la oferta variada y atractiva de vinos resuelta, que saldrán a lucirse durante la noche, lo más importante ahora es cómo servirlos. Es decir, en qué copas y de qué manera. Siempre serán mejores las copas que los vasos porque permiten captar más los aromas y sabores de los diferentes vinos, incluso hoy el Champagne se sirve en este tipo de copas y no en las típicas flautas. Quizás, por el movimiento, las copas sin pie o “vasos de vino” son los ideales. Eso sí, antes de pasar a un nuevo vino, se debe envinar (o enjuagar) la copa con el vino siguiente.

Pero más importante que el contenedor es el contenido y cómo llega, por eso la temperatura es la clave de (casi) todo éxito vínico. Asumiendo que en la heladera no habrá espacio para todas las botellas, y que además de tanto uso nunca llegará a enfriar todo como se necesita, hay que disponer de un recipiente con hielo y agua para poner allí todas las botellas de vino. Sumergidas y en la parte de abajo, los espumosos, blandos y rosados. Y sobre los hielos, las botellas de vino tinto. Es decir que todo vino que se sirva a lo largo de la noche debe llegar fresquito a las copas, incluso los tintos. Y no se trata de andar por ahí con un termómetro, sino más bien con algo de atención y sentido común. Los espumosos, blancos y rosados pueden salir bien frapé, y empañar las copas al caer.

Eso quizás disimule un poco sus atributos al principio, pero permitirá cumplir con el primer mandamiento de la noche; refrescar. Se sabe que la baja temperatura atenta contra la expresión de los mejores vinos, pero siempre es mejor llegar fríos y atemperarse en las copas que al revés, y tener que agregar un hielo.

Las botellas que salen del contenedor para servir copas deberían mantenerse en frío, y para ello disponer un par de fraperas sobre la mesa, siempre con más proporción de agua que de hielo para poder sumergir la botella en agua fría, porque si solo apoya sobre cubos de hielo, no llegará a enfriarse.

Con una buena selección de diferentes tipos de vino, servidos en un orden pensado, en copas adecuadas y, sobre todo, a temperatura ideal, el éxito del brindis está garantizado.

Fuente: infobae.com • Foto: videoblocks.com, wikimedia.org, hungarianwines.eu, pexels.com, wicked-wine.com

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